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La política y el tiempo

La política democrática se enfrenta a un gran desafío: ¿Cómo convencer a nuestras angustiadas y desconfiadas sociedades de que el interés general y el bien común necesitan que la política tenga tiempo? Tiempo para pensar, para evaluar, proponer, pactar, regular y aplicar. El control del tiempo se ha convertido en el bien escaso más determinante para el futuro de la democracia como sistema garantista y articulador de nuestros intereses y conflictos. Ezra Klein ha publicado recientemente «Esto lo cambia todo», un artículo imprescindible en The New York Times sobre la inteligencia artificial (IA): «Hay un ritmo natural en la deliberación humana. Muchas cosas se rompen cuando se nos niega el lujo del tiempo».

Las principales empresas de tecnología están en una carrera por el dominio de la IA. Estados Unidos y China están en una carrera por el dominio de la IA. El dinero está en una carrera hacia las empresas con proyectos en IA. ¿Puede la democracia correr tan rápido? Sugerir que vayamos más despacio, o incluso que nos detengamos, parece una rendición incondicional, a la par que se torna imposible con tantas fuerzas desbocadas y aceleradas. «El fatalismo se convierte en el sirviente de la inevitabilidad, y la inevitabilidad se convierte en la justificación de la aceleración», afirma Klein.

Ya en el 2018, Sundar Pichai, el comedido director ejecutivo de Google, dijo: «La IA es probablemente lo más importante en lo que la humanidad ha trabajado. Pienso en ello como algo más profundo que la electricidad o el fuego». En este contexto, las preguntas son inevitables: ¿Ha renunciado la política a embridar el desarrollo de la IA? ¿Se re­signa a que los ganadores de las carreras simultáneas tengan conciencia global, social y transformadora para poner estas tecnologías al servicio de la humanidad? ¿Tiene la política capacidad para regular este vendaval?

Me temo que no. Un ejemplo devastador. En la reciente moción de censura en el Congreso español no tuvimos tiempo para hablar del tema. Entretenidos en el chascarrillo y en el vuelo gallináceo corto de nuestras miradas y propuestas, asistimos como sonámbulos al devenir de una realidad de la que no seremos protagonistas, sino cobayas o, en el mejor de los casos, consumidores.

Publicado en: La Vanguardia (30.03.2023)
He pedido la colaboración de Eduardo Luzzatti para realizar la ilustración del artículo.

Artículos de interés:
Cientos de expertos y empresarios piden suspender y regular los avances de la IA (Francesc Bracero. La Vanguardia, 29.03.2023)
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