Ideas que arden

«Allí donde se queman libros se acaban quemando personas», en palabras de Heinrich Heine. Este poeta y ensayista alemán escribió la frase años antes de que, en mayo de 1933, se produjera la quema de libros por parte de los nazis. Aquel año, en numerosas universidades, las ligas estudiantiles, con el apoyo del profesorado, organizaron la quema de miles de ejemplares de autores que iban desde Franz Kafka a Karl Marx. Se organizaron hogueras en 34 ciudades, un acto simbólico de gran trascendencia, donde ardieron más de 25.000 libros «no alemanes», lo que presagiaba un periodo de censura y control. El gobierno nazi pretendía así ganar la batalla cultural.

En mayo de 2023, noventa años después, se publicaba: Allí donde se queman libros. La violencia política contra las librerías, de Gaizka Fernández Soldevilla y Juan Francisco López Pérez. Un recorrido por «cientos de atentados de los que han sido objeto librerías, ferias del libro, editoriales y distribuidoras en España entre 1962 y el 2018. Una bibliofobia violenta que llevaba la firma de la ultraderecha, que se había reactivado durante la crisis terminal de la dictadura franquista».

La quema de libros tiene una alta carga simbólica de la que emana la censura, la oposición frontal, sin complejos ni sensibilidad, a todo aquello que las distintas obras, su temática y autores, representan. Reducir las palabras a cenizas pretende borrar la memoria histórica y, con ella, ideales, valores y convicciones. Esa quema se interpreta como el preludio de otras formas de destrucción y abuso. Aunque el poder de la palabra, de las ideas, va siempre más allá y logra blindarse con más fuerza, resurgiendo como el ave fénix. La imbatibilidad de la palabra escrita, su capacidad de apelar y conectar con la razón y la emoción de las y los lectores es una realidad que la extrema derecha ha ido asimilando.

La extrema derecha ya no quema libros. Los escribe, los edita, los vende, los lee, los pone en manos de la ciudadanía. Un fenómeno que va ganando terreno (y dinero) y que se va haciendo un hueco, cada vez más relevante, en las grandes editoriales y en espacios públicos como las ferias del libro que se suceden en todo el mundo. Autores y palabras que estaban fuera de los circuitos culturales hegemónicos se normalizan… sin hacer ruido.

Publicado en: La Vanguardia (16.11.2023)
He pedido la colaboración de Daniela Carvalho para realizar la ilustración de este artículo.

Enlaces de interés:
La furia de la lectura. Por qué seguir leyendo en el siglo XXI, de Joaquín Rodríguez (2021)

 

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