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Las elecciones de Estados Unidos: un tema geográfico

MARTÍN SZULMAN

Este artículo forma parte de la serie de contenidos del espacio ELECCIONES USA 2024, donde irán escribiendo distintas firmas invitadas.

En 1969, el geógrafo y cartógrafo suizo-estadounidense Waldo R. Tobler presentó lo que desde entonces se conoce como la Primera Ley de la Geografía: «Todo está relacionado con todo lo demás. Pero las cosas cercanas están más relacionadas que las distantes». Comprender los patrones de movilidad geográfica resulta indispensable para poder conocer y detectar pautas en el comportamiento del voto. En EE. UU. —quizás más que en otros países— personas, lugares y votos están fuertemente interrelacionados.

La pandemia de la covid-19 aceleró un lento proceso que se venía desarrollando en las grandes áreas metropolitanas de Occidente: la migración interna desde ellas hacia zonas más asequibles (particularmente en lo respectivo a la vivienda), pero también con un ritmo más tranquilo (menos gente) y un ecosistema de mayor contacto con la naturaleza.

En julio de 2021, el censo de EE. UU. reveló que solo seis de las quince ciudades con una población de al menos 50.000 habitantes de más rápido crecimiento se encontraban entre las de más rápido crecimiento en 2019. Así, las urbes con las mayores tasas de aumento durante la pandemia se encontraban, principalmente, en el oeste y el sur.

Varias de las ciudades más grandes y densamente pobladas perdieron residentes. Entre 2020 y 2021, la ciudad de Nueva York experimentó la mayor disminución (305.465 personas), seguida de San Francisco (54.813), Chicago (45.175) y Los Angeles (40.537). Es decir, cuatro ciudades insertas entre las seis áreas metropolitanas con mayor población del país.

Estas corrientes migratorias y cambios demográficos tienen su correlato electoral. Un buen ejemplo de ello son las consecuencias en este aspecto a partir de la deslocalización tecnológica desde California, puntualmente desde Silicon Valley, hacia otros estados del suroeste. Los precios más competitivos, el menor costo de vida y el buen clima, entre otros factores, viene funcionando de imán para jóvenes liberales con altos estudios a migrar hacia estos centros urbanos.

De esta manera, estados tradicionalmente conservadores como Arizona y Texas comienzan a experimentar giros hacia los demócratas: Arizona, por caso, votó por Biden en 2020, algo que en los últimos 70 años solo había sucedido una vez, en 1996, con Bill Clinton. Una explicación se puede encontrar en el auge de su capital Phoenix como polo tecnológico y de startups, ahora también conocida como Silicon Desert, que atrajo a estos segmentos poblacionales.

Mientras que en Texas los buenos resultados de Beto O’Rourke en las midterm de 2018 han alertado a los sectores conservadores sobre las amenazas que suponen estos cambios en su dominio político. Ubicado también en el sun belt (cinturón del sol), territorios como Austin —ahora también apodada Silicon Hills— o Houston se han convertido en otros puntos de recepción para jóvenes provenientes de California. Esto no ha pasado por alto para amplios segmentos de pobladores locales, que han lanzado el claim «Don’t California my Texas» («No conviertas mi Texas en California») como respuesta a este fenómeno.

Este retroceso republicano en el Cinturón del Sol, a su vez, se está viendo compensado con otros cambios a su favor en el Midwest (Medio Oeste), como Iowa (Trump se impuso en 2016 y 2020) o en Míchigan y Wisconsin (republicanas en 2016 y disputadas en 2020). La velocidad con la que se mueven estas corrientes hace pensar en la profunda transformación de la sociedad estadounidense durante esta década. Y ello, naturalmente, conlleva a reflexionar en el impacto en el voto. El mapa político post Reagan, que ha marcado la dinámica electoral de los EE. UU. en los últimos 32 años, se está moviendo y, quizás, nos lleve a nuevos (y múltiples) clivajes.

(Más recursos e información en ELECCIONES USA 2024)

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1 COMENTARIO

  1. Las condiciones de vida han marcado la evolución humana, ahora en un mundo aparentemente virtual y desmaterializado (más material que nunca), estos procesos también están ocurriendo por aquí y por allá. Un artículo muy lúcido, concreto y claro.

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