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«Brevedad y claridad deberían ser derechos políticos de la ciudadanía» (Entrevista en El País América)

Entrevista con Francesco Manetto (@fmanetto) para El País América, con motivo de la publicación de mi nuevo libro Breve elogio de la brevedad, que reproduzco a continuación.

Si tienes una idea y no puedes contarla en una conversación de café significa que no sabes explicarla o no la tienes clara. O no te importa que tu interlocutor la entienda. O quizá, en el peor de los casos, esa idea ni siquiera exista. El test del café que propone el escritor Javier Gomá a propósito de la verdad filosófica es una de las evidencias de la brevedad. Antoni Gutiérrez-Rubí (Barcelona, 63 años) disecciona esta categoría en Breve elogio de la brevedad (Gedisa), un ensayo que bucea en la historia, en las funciones y en el uso de esta noción y que ayuda a encontrar el hilo en el laberinto de las palabras. Porque corto no significa lo mismo que breve. Y lo breve no es necesariamente una derivada de la brevedad, un concepto que este asesor de comunicación política, especialmente activo en América Latina, vincula más a prácticas como la sobriedad y el respeto. “Brevedad y claridad deberían ser derechos políticos de la ciudadanía”, afirma Gutiérrez-Rubí en conversación con EL PAÍS por videoconferencia desde Buenos Aires.

Pregunta. El periodista Miguel Ángel Bastenier planteó un día a sus alumnos que escribiesen un breve de la Segunda Guerra Mundial. Es un buen ejercicio para organizar las ideas, para empezar. ¿Por qué un libro sobre la brevedad?

Respuesta. La materia prima de la comunicación política es el lenguaje. En mi trabajo como asesor, que es encontrar las palabras justas, precisas, adecuadas, oportunas, hay un ejercicio constante y permanente sobre el lenguaje. Y siempre consideré que brevedad y breve no es lo mismo. Breve es una condición que tiene que ver con la duración. La brevedad es una intención, condensar algo de manera profunda, que tenga esa capacidad transformadora del lenguaje y también cierta vocación de duración. La brevedad es un ejercicio técnico que la política en general y la comunicación política y la asesoría política y todos los que trabajamos con el lenguaje, también los periodistas, debemos practicar. Y además tiene un aspecto casi ético, porque la brevedad exige contención, respeto al tiempo del otro. Hay algo de categoría casi moral en la brevedad. Y es un ejercicio muy estimulante desde el punto de vista creativo. Por eso lo escribí.

P. ¿Lo escribió pensando en los políticos a los que asesora?

R. No, lo escribí pensando en el trabajo que hago con las palabras. Eso incluye los artículos que publico o las notas que preparo para una reunión. Siempre me han gustado mucho las listas, la memoria, todo lo que tiene que ver con el lenguaje, de lo etimológico a cualquier otro aspecto. Esa idea de encontrar la palabra precisa, conseguir dar en la diana. O sea, llegar de una manera especial que haga vibrar al lector o al espectador con una palabra. Es una especie de momentum.

P. Al mismo tiempo, trabajar con el lenguaje se parece a la tarea de un constructor. En el libro recurre a la metáfora arquitectónica, a partir de Van der Rohe, del “menos es más”.

R. La brevedad serían como los pilares sobre los que construir, son columnas maestras. Creo que el libro puede ser oportuno en un momento en el que justo hay abundancia de palabras. Para convivir en este mundo de abundancia y de exceso, de grasa del lenguaje, la brevedad actúa como una especie de oportunidad. Hay una gran oferta y un tiempo escaso. Lo que tengo que leer, anotar y convertir en fundamento tiene que aspirar a la brevedad. Tiene que tener esa capacidad de concentrar, de condensar, de explicar mucho en poco. Entonces creo que la brevedad, el ejercicio y la práctica de la brevedad es una disciplina útil en momentos de abundancia.

P. Cuenta, citando a Javier Gomá, que la verdad filosófica debe superar el test del café. Si has descubierto una verdad y no la puedes transmitir en una conversación de café, algo falla.

R. Un café puede ser largo o corto, puedes estar muchas horas o cinco minutos. Pero la idea tiene que ver con una conversación humanizada, pausada, que necesariamente no va a ser breve en extensión, aunque lo que se diga tiene que elaborarse, por muy complejo que sea el concepto, en una charla amistosa alrededor de un café.

P. ¿Cuán alta es hoy la demanda de brevedad en nuestras sociedades?

R. Justo ese es el problema. Como tenemos poco tiempo, pensamos que tenemos que ir rápido. Es decir, confundimos brevedad con rapidez. Pero ¿cuántas veces una cita que te ha conmovido o que te ha importado la tienes que leer varias veces, intentando descubrir los secretos que contiene? El texto no cambia, el que cambia soy yo y por lo tanto cada vez es como una lectura que te da nuevas pistas. La brevedad te interpela, es como como un secreto dentro de un secreto, y cada uno la lee con matices diferentes.

P. Ha hablado de volver al mismo pasaje y precisamente este ensayo parece estar planteado casi como un libro de consulta.

R. Me encantaría que los lectores y las lectoras lo puedan releer, subrayar, volver a esa cita, ese recuerdo. También quería que de alguna manera fuera una oportunidad para el lector para iniciar también su propio proceso de brevedad. Es decir, no tanto volver al libro como un producto cerrado, sino volver al libro como a un trampolín, una oportunidad para volver a recordar aquella cita o refrescarla. Un trampolín que le permita al lector y a la lectora volver al estado de ánimo necesario para que la brevedad tenga esta capacidad para conmover y transformar.

P. También cita a Italo Calvino, Las lecciones americanas, unos textos que tienen mucho que ver con la honestidad de la comunicación, con el compromiso, con la verdad.

R. Tomemos un dato. No le puedes poner adjetivos. Es 1.000 o es 100. El dato es la esencia de la brevedad, y cuando el lenguaje manipula el dato evidentemente se está distorsionando el dato. Después se puede interpretar el dato, pero de entrada tiene esa precisión de la esencia. Entonces, una primera consideración de por qué la brevedad nos acerca más a la honestidad intelectual es que no puedo maquillarla. Brevedad y claridad deberían ser derechos políticos de la ciudadanía. Necesitamos realmente que la interlocución y la representación política estén centradas en la brevedad y la claridad. Brevedad como respeto. Y claridad porque los electores y lectores necesitan que sus representantes sean claros en los compromisos, en las afirmaciones, en las opiniones. Todo lo que no vaya en la dirección de la brevedad y de la claridad de alguna manera es adulterar el compromiso de la política a través del lenguaje.

P. ¿Cómo engarza la brevedad con la inteligencia artificial?

R. Hay varios puntos. Primero, la inteligencia artificial quiere ofrecerte siempre una síntesis homologable y homogeneizada. Entonces, de alguna manera aspira a condensar, a concentrar, a darte un contenido breve que supuestamente tiene valor por su capacidad de síntesis y su capacidad de beber de muchas fuentes y de tener una condensación del conocimiento disponible. Pero ese ejercicio de condensar, de sintetizar, no siempre es un ejercicio que nos acerque a la brevedad. La inteligencia artificial tendrá una gran capacidad de sintetizar, será muy efectiva en la síntesis, pero no estoy tan seguro de que sea capaz de comprender la esencia o de aportarnos la esencia de las palabras.

P. Ha dicho que no escribió pensando en los políticos. ¿A quién se dirige?

R. A lectores y lectoras que, sea cual sea su desempeño profesional, sí consideren que la brevedad es una disciplina y a veces también una exigencia y, a mi juicio, un derecho. Para todos aquellos que crean que la batalla por los derechos es una batalla inconclusa y mejorable, la brevedad y la claridad pueden ayudarlos.

Publicada en: El País América (10.04.2024)

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