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«La brevedad es un antídoto contra la abundancia de información y la escasez de tiempo» (Entrevista en RED/ACCIÓN)

Entrevista con Chani Guyot (@chaniguyot) para RED/ACCIÓN sobre mi nuevo libro Breve elogio de la brevedad, que reproduzco a continuación.

En esta entrevista, el especialista en comunicación y consultor político catalán reflexiona, a raíz de su último libro, sobre la brevedad como derecho político de los ciudadanos, la inflación de la palabra, y sobre cómo cultivar un arte que busca expresar la esencia de las cosas.

Del otro lado de la pantalla Antoni Gutiérrez-Rubí se entusiasma como un niño cuando desarrolla una idea o cita su epitafio preferido. El motivo del encuentro virtual es la publicación de Breve elogio de la brevedad, un ensayo en el que el autor bucea en la función de esta categoría en el universo de la comunicación y las palabras. En paralelo a su actividad como asesor de comunicación y consultor político en América Latina y España, Gutiérrez-Rubí ejerce la docencia y escribe frecuentemente en diversos medios. Es el fundador de Ideograma, la consultora con sede en Barcelona desde la que ha trabajado en más de 10 países de la región; en la Argentina, en la última campaña presidencial de Sergio Massa. Autor prolífico, ha publicado más de 15 libros, en la interesante intersección entre la comunicación, la democracia, el liderazgo y el mundo digital.

—¿Por qué un libro sobre la brevedad? 

—Hay varias razones. La primera se intuye en la dedicatoria: mi madre, que está muy mayor, fue siempre una mujer muy sencilla, con una enorme cultura popular, pero sin educación formal. Una mujer muy auténtica y con un gran conocimiento de la vida que siempre me lanzaba a lo largo del día varios refranes. Y me quedó la idea de la trascendencia y profundidad de esos refranes. Son como un rayo que iluminan un eureka. Yo siento que le debía este libro, que recupera ese valor.

—¿Otras razones? 

—Estoy en un momento de mi vida en donde quiero vivir mucho. Quiero vivir con intensidad el tiempo que me queda, así que me puse a reflexionar sobre lo breve y su relación con la brevedad.

—Que no son lo mismo. 

Exacto. Porque una cosa es lo breve, que expresa la extensión de algo, y otra la brevedad, que al elemento de la extensión le suma lo esencial: la claridad. Lo que da sentido a la brevedad no es la extensión, sino la síntesis. Esa es su alma.

—¿Cómo se logra esa claridad? ¿Cuál es el truco de la brevedad?

—Yo te diría que uno de los trucos es el tiempo que le dedicas a producirlo. No puedes ser claro ni ejercer la brevedad con prisas, a las apuradas. La brevedad exige un trabajo de intención, de precisión, de reelaboración permanente. Ambas cosas, brevedad y claridad, son un excelente antídoto contra este contexto de infoxicación, de cámaras de eco, de algoritmos que nos atrapan en sus redes y nos obnubilan. Son un antídoto para vivir, convivir, soportar y superar este ritmo frenético en donde tenemos abundancia de información y escasez de tiempo.

—¿Y la principal consecuencia de la brevedad?

—Es como una luz. Estamos en una habitación a oscuras y esa claridad es como prender una linterna. Cuando encontramos un texto que es claro y es capaz de expresar con brevedad una intención, un alma, volvemos a él varias veces y lo leemos y lo releemos como si cada vez hubiera un matiz diferente.

—¿Por qué volvemos a esos textos claros?

—Porque cada vez nos iluminan de otra manera, porque el que cambia somos nosotros. La brevedad se convierte en una especie de faro que te inspira: cada vez que llegas a ese epitafio, a ese aforismo, a ese lema, a esa antífona, es un remanso que te vuelve a iluminar.

—En el libro dices que esa brevedad debería ser un derecho político.

—Un derecho político de los ciudadanos, que pueden y deben exigirle a la representación política. Tenemos derecho a que nos hablen con claridad y con brevedad.

—Entonces para los políticos y periodistas, que trabajamos con la palabra, ese sentido de la brevedad incorpora una dimensión ética.

—Absolutamente. Para ambos. Para los políticos, la brevedad exige valores, como la moderación, la contención, el equilibrio, el respeto al tiempo del otro. Es decir que esos valores te hacen más sincero, más auténtico y más transparente. Por eso los políticos pueden descubrir en la brevedad una oportunidad para volver a reconectar el vínculo con la ciudadanía.

—Cuando los políticos hablan y no dicen nada es un problema. 

—Y cuando no dicen nada, cuando hablan por hablar, los ciudadanos se quejan con razón de que los políticos convierten la palabra en palabrería. Ahí podemos encontrar en la brevedad una oportunidad para una nueva reconexión entre representados y representantes.

—¿La para los periodistas?

—Si bien los géneros periodísticos son un marco eficaz, creo que el periodismo puede incorporar la brevedad como principio. La brevedad de la pregunta, la brevedad de la información, la brevedad de la opinión, la brevedad del comentario, la brevedad del contexto, como una forma respeto, en dos sentidos.

—Que son…

—Por un lado, respeto al tiempo de los lectores. Por el otro, a la realidad. Todos los que trabajamos con la palabra, asesores, políticos, periodistas, a veces usamos palabras que no son necesarias, que son superfluas, gratuitas, excesivas, que sólo buscan una especie de espuma, pero que no son capaces de ir al hueso para llegar al centro de las cosas con precisa puntería.

—La inflación de la palabra afecta a todos los que trabajamos con ella. 

—Y tenemos que reeducarnos en el uso de la palabra, tanto escrita como hablada, para que la brevedad y la claridad vuelvan a darnos una oportunidad de comunicación. La brevedad te llega, te penetra. En cambio, lo que sólo es breve, corto, puede ser superficial, pasa, lo olvidas.

—¿Es Twitter la plataforma ideal para la brevedad? 

—Sí. Aunque allí hay de todo, exabruptos superficiales y grandes piezas de enorme brevedad. Yo creo que el límite de 140 caracteres era mejor que el que tenemos ahora, los 240. Esta reflexión me lleva a una hipótesis.

—¿A ver?

—¿Y si la desinformación, la radicalización, la polarización, viene por el exceso de las palabras? ¿Y si en cambio la contención, la soberanía, la moderación obliga a un tipo de conversación pública, que permite un debate público diferente? Tal vez hay una relación entre los excesos de la palabra, de todo tipo, incluyendo su duración, y la calidad democrática. Habría que estudiar el vínculo entre el exceso de la palabra y el deterioro democrático.

—¿Cómo se cultiva la brevedad? ¿Qué habilidades se necesitan? 

—Muy interesante… Yo creo que lo primero es leer los clásicos. Porque los hombres y mujeres que nos ayudaron a rescatar los clásicos ejercitaron la brevedad de una manera extraordinaria. En general los autores clásicos tienen muchas menos subordinadas, el punto y seguido está muy bien utilizado. El punto y aparte todavía más.

—¿Qué más?

—La lectura y el trabajo en oratoria. Todo cambia cuando lo tienes que contar algo en voz alta. La oralidad es fantástica porque exige más brevedad que el texto escrito. Cuando «traduces» un texto escrito a la oralidad, pasas del gris monótono del texto a un floreciente espacio en donde las negritas, las cursivas, los puntos, las blancas y las mayúsculas, juegan. La tercera recomendación es reescribir.

—Se le atribuye a Borges la frase «publico para dejar de corregir», que es una de las formas de la reescritura.

—Es que reescribir es una tarea extraordinaria. Hay que tener tiempo y disciplina para poder reescribir, que incluye borrar, eliminar, empezar de nuevo. Otra: cada día hay que aprender una palabra nueva. Yo tengo un truco. Cuando leo, sobre todo literatura, hago una lista de las palabras que no conocía. El ejercicio me ha servido para darme cuenta que a veces me excedo con palabras que conozco porque no conozco las verdaderas palabras, las palabras precisas.

—La recomendación es entonces mejorar el vocabulario.

—Para poder eliminar la grasa textual, fruto de un vocabulario insuficiente. Es un truco muy interesante y que vale la pena. Puedes escribir un párrafo para describir el fenómeno de cómo se degradan las normas sociales y el apego a la ley. O puedes escribir, “anomia”.

—En el libro describes muchísimos géneros de la brevedad: refranes, aforismos, epitafios, lemas, microrrelatos, haikus… ¿Cuál te parece el más interesante?

—Los epitafios, definitivamente. Se escriben desde el cuerpo que muere, sobre la piedra, para la inmortalidad. De modo que le das a siete u ocho palabras la capacidad de dejar un testimonio vital. Una vida resumida en siete palabras, esculpidas sobre la piedra, sobre un cuerpo descompuesto.

—¿Y tu epitafio preferido? 

—Uno de Antonio Gala, el poeta español. Dice así: «Murió vivo». Es muy bueno. Dime qué inteligencia artificial va a poder con eso.

—Para terminar, tenemos a la poesía como el arte de buscar la esencia de las cosas.

Sí, claro. Yo en el libro hablo de los haikus como un subgénero poético en donde la forma es el fondo. No solo por la métrica, sino por su contención para buscar al alma de las cosas, para descubrir la belleza del instante. El instante bello, revelador, extraordinario. Al final, la vida son unos cuantos instantes breves, pero que, en su brevedad, son vitalmente inolvidables.

Publicado en: RED/ACCIÓN (12.05.2024)
Publicado en: El Litoral (23.05.2024)

Libro: Breve elogio de la brevedad, (Gedisa, 2024)

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