A finales de febrero, Rob Jetten se convertía en el nuevo primer ministro de los Países Bajos, tras sorprender a muchos con su victoria en las elecciones celebradas en octubre del año pasado.
Desde entonces, ha captado la atención de medios y analistas internacionales. La cobertura se ha centrado principalmente en su juventud —es el primer ministro más joven de la historia del país— y en su vida personal —es el primer mandatario abiertamente homosexual y casado con un jugador de hockey argentino—. Sin embargo, se ha analizado menos por qué y cómo logró pasar del 6,29% que obtuvo en las elecciones de 2023 al 16,93% que alcanzó en los comicios del año pasado.
Una parte de la explicación probablemente resida en el contexto más o menos inmediato. Las elecciones de 2025 pusieron fin a la inestabilidad del gobierno de Dick Schoof, cuya coalición —que abarcaba desde la derecha radical hasta la centroderecha del NSC de Pieter Omtzigt— apenas resistió 337 días. A ello se sumaba que el ultraderechista Geert Wilders partía como favorito, lo que probablemente incentivó el voto útil hacia opciones con posibilidades reales de gobierno, como el D66 de Jetten. Con todo, el contexto no basta por sí solo: hay también factores propios del candidato que ayudan a explicar su victoria.
El optimismo
Durante toda la campaña Jetten habló de «positieve missie» (misión positiva) y «positieve krachten» (fuerzas positivas), y cerraba sus intervenciones con el lema de su campaña: «Het kan wel» («Sí se puede»), que recuerda a aquel mítico «Yes We Can» de Barack Obama. Sin embargo, el mensaje optimista de Jetten se adaptó a los nuevos tiempos. En la época de los vídeos de 30 segundos, los discursos de 20-30 minutos de Obama posiblemente tampoco tendrían hoy el mismo impacto que en 2008. Por eso, el nuevo primer ministro neerlandés optaba por píldoras virales en las que condensaba mensajes importantes en un minuto o menos. El mejor ejemplo son los vídeos Formatie 101 (Información 1 a 1), que comenzó haciendo en campaña y que sigue publicando. En ellos, destaca informaciones positivas sobre su agenda, propuestas o de actualidad con un estilo directo a cámara y muy personal.
La transversalidad
Su candidatura logró articular apoyos procedentes de distintos espacios ideológicos, algo característico de opciones moderadas en contextos fragmentados. Como explica Anne-Marie Reynaers en Agenda Pública: un 20% de sus votantes proviene del GL-PvdA (la izquierda), un 13% del NSC (centro derecha), un 11% del VVD (liberales), y un 7% del PVV (la extrema derecha). Y su nuevo gobierno es también muy variopinto. Además de su partido, está integrado por el VVD y el CDA (los democristianos), que ocupan 17 de las 27 carteras y secretarías que hay en total.
Las redes
En la campaña anterior había sido apodado como «Robot Jetten» por su rigidez ante las cámaras. Esta vez, en cambio, se movió con soltura en las redes sociales, proyectando una imagen mucho más cercana. Un reto bastante complejo durante la campaña electoral, ya que las elecciones de Países Bajos fueron las primeras elecciones europeas que se realizaron después de que entrara en vigor la decisión de Meta y Google de eliminar los anuncios políticos en sus plataformas. Eso hizo que las campañas dependieran totalmente del alcance orgánico, espacio en el que tiende a irles mejor a los partidos ultra. La extrema derecha lo aprovechó para posicionarse con vídeos de inteligencia artificial y mensajes radicales. Mientras Jetten, por su parte, se amoldaba a los algoritmos con vídeos que siempre se iniciaban con algún tipo de gancho. Por ejemplo, para un diálogo con jóvenes aparecía primero cargando una caja de cervezas. Y, para hablar de vivienda, se le veía a través de la mirilla de una puerta.
Una agenda ambiciosa
Aunque venía de ser ministro de Clima y Energía con Rutte, Jetten no se limitó a ese terreno. Puso el foco en la vivienda asequible (una de las grandes preocupaciones) y se permitió incluso plantear propuestas ambiciosas, como la creación de diez nuevas ciudades.
Moderación, con firmeza
Su perfil centrista no le ha impedido adoptar posiciones contundentes en política internacional: calificó a Donald Trump como «criminal condenado» y «misógino», y a Benjamín Netanyahu directamente como «criminal de guerra». Y no solo haciendo guiños al progresismo. Ante el panorama geopolítico complejo de Europa, su acuerdo de gobierno prevé aumentar el presupuesto de defensa en 19.000 millones de euros, para alcanzar el 3,5% del PIB, propuesto por la OTAN.
En tiempos en los que la polarización parece dominarlo todo, en diferentes latitudes empiezan a surgir políticos optimistas que han vuelto a confiar en la vía de proponer y apelar a la esperanza. Lo hemos visto también en Portugal, con Antonio José Seguro, y en EE. UU., con James Talarico o Zohran Mamdani (aunque las propuestas de este último sean claramente de izquierda). La moderación con una narrativa de transformación y futuro puede ser la vacuna contra los extremismos.
Fotografía original: © European Union
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