Trump no es un accidente

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Donald Trump no ha perdido y Joe Biden aún no ha ganado. Estas pueden ser las claves para explicar por qué Trump no es un accidente electoral del 2016 que el 2020 iba a corregir. Al contrario. Trump representa —y mucho— profundos cambios en la política norteamericana y, también, global.

En un presidente, el carácter lo es todo

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Trump encarna la audacia del canalla al que todos dan por perdedor y consigue, finalmente, con todo tipo de argucias, vencer al destino predeterminado. En una sociedad tan individualista, la fascinación por el liderazgo absoluto es un elemento cultural y sociológico de identificación profunda.

Trump se reconcilia con el votante republicano tradicional

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Ambos candidatos han cerrado la pregunta final («¿Qué les diría a los que no le han votado si llegar a ser presidente?») fijando muy bien sus puntos fuertes. Trump apelando al éxito económico («Si él gana, vamos a tener una depresión como nunca»), y Biden al sueño americano («Elegir la esperanza frente al temor»). O mercado o nación. O éxito según tu suerte, o derechos para todos sin distinción. Esta es la cuestión de fondo que se dirime el próximo martes.

La sobriedad de Pence, un activo para Trump

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Pence, sin complejos, ha salido a crear dudas razonables sobre Biden y Harris, y ha estado convincente y asertivo sin esforzarse en matices, logrando casi siempre direccionar la discusión hacia sus marcos.