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El Teu Vot, el recomendador de voto para las elecciones del #27S

ETV
Esta semana se ha publicado el cuestionario El Teu Vot, un recomendador de voto, impulsado por El teu Parlament y apps4citizens, en el marco de las elecciones catalanas del 27 de septiembre. La herramienta pretende orientar el voto a partir de la ubicación del elector dentro del sistema de partidos.

Inspirado en la promoción de la política ciudadana y la transparencia pública, la aplicación persigue el objetivo de simplificar a la ciudadanía la visualización de la fuerza electoral que más afinidad tiene con su posicionamiento ideológico, obtenido a través de las respuestas al cuestionario planteado. Para lograrlo, permite, a partir de las respuestas dadas, cuatro tipos de visualización diferente que nos ayude a decidir y a situarnos en el mapa político de las próximas elecciones.

El rigor metodológico y la independencia respecto a partidos e instituciones públicas favorecen la veracidad para los usuarios que, de esta forma, pueden contrastar su intención de voto con el resultado del cuestionario.

El Teu Parlament es una organización catalana sin ánimo de lucro, impulsada por politólogos de la Universidad Pompeu Fabra, que tiene como objetivo la mejora de la transparencia de la institución que monitorea, el Parlament de Cataluña. La sinergia con apps4citizens, proyecto que estimula la creación de apps vinculadas al compromiso social y político, ha permitido la realización de esta iniciativa que esperemos que sea de gran utilidad para la ciudadanía.

Para usar la aplicación debéis visitar El Teu Vot y, en poco tiempo, tendréis una guía de vuestro posicionamiento político según los cálculos de la herramienta. El valor añadido que ofrece ETV, es una visualización de datos elaborada e intuitiva. En pocas horas, más de cinco mil personas ya han contestado el cuestionario.

La facilidad nos vuelve torpes

Publicado en: El Telégrafo (Ecuador) (30.08.2015)

«Los libros son la riqueza atesorada del mundo (…) y ejercen una influencia mayor que la de reyes o emperadores».
Henry David Thoreau.

Me apasionan los libros que hablan de libros, de las bibliotecas y del placer de la lectura. He leído, recientemente, una historia asombrosa que llegó a mí gracias a una crónica amable y generosa de Alberto Manguel: La aventura de las ideas. Cuenta la historia de Gian Francesco Poggio Bracciolini (1380-1459) y el descubrimiento del libro olvidado (y que se creía perdido hacía más de mil años) de Tito Lucrecio Caro, De rerum natura, Acerca de la naturaleza de las cosas, escrito probablemente hacia el año 50 antes de Cristo. La apasionante historia se narra en un poderoso libro: El giro. De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno, de Stephen Greenblatt con el que obtuvo el Premio Pulitzer en 2012.

Poggio Bracciolini seguía la tradición de Petrarca que, un siglo antes, había rescatado del olvido la monumental Historia de Roma de Tito Livio. La misión era encontrar, rebuscando en los basureros eclesiásticos, las obras maestras de la antigüedad griega y latina. Las obras paganas, escondidas y apartadas. Las obras peligrosas. De rerum natura fue una de ellas, quizá la más singular e importante porque alumbró con su poemario el Renacimiento. Lucrecio, su autor, era un poeta virtuoso y un filósofo epicúreo, más que un científico lúcido. Y quizá por esa capacidad artística fue capaz de explicar, hace dos mil años, la complejidad y la simplicidad de la vida y afirmar que el universo, y todo lo que éste contiene, está hecho de partículas minúsculas, siempre en movimiento, y que los dioses imaginados por los poetas no son necesarios para que este universo exista.

Hace pocos meses, en una maravillosa exposición (La villa de los papiros) descubrimos cómo era la vida, y la lectura, en Herculano hasta su desaparición en el 79 d.C., engullida por la lava y las cenizas del Vesubio. En la muestra se descubre la biblioteca del filósofo Epicuro, propietario de la biblioteca encontrada en Herculano, y autor de versos y pensamientos inolvidables: «Vana es la palabra del filósofo que no remedia ningún sufrimiento de hombre. Porque así como no es útil la medicina si no suprime las enfermedades del cuerpo, así tampoco la filosofía si no suprime las enfermedades del alma». Me gusta Epicuro.

Pero volvamos a Lucrecio. El poeta liberó al hombre del determinismo divino mil quinientos años antes que lo hicieran los hombres del Renacimiento. Sus versos inspiraron consecutivamente a Galileo, Newton, Darwin, Montaigne, Freud y Einstein que buscaron en sus renglones visiones nuevas con las que liberar la imaginación. «Lo que los seres humanos pueden y deben hacer, decía, es dominar sus miedos, aceptar el hecho de que tanto ellos como todas las cosas que tienen ante sí son efímeros, y aprovechar la belleza y el placer que ofrece el mundo». Ahí es nada.

Solo un poeta pudo tener una visión de átomos que se mueven al azar en un universo infinito. Solo un poeta fue el primero en reconocer que estamos hechos de la misma materia que las estrellas y los mares y todas las demás cosas. Aquel poeta, dio un “giro”, un “cambio de rumbo”, un pensamiento nuevo que era una visión de la realidad y un movimiento mental más que cualquier otra formulación. Aquellas palabras cambiaron el mundo, porque cambiaron la manera de verlo y de vernos en él. Fue, como escribe Greenblatt, un re-surgir, un re-nacimiento de la Antigüedad lo que supuso el hallazgo de Poggio, provocando una aceleración ―una liberación― del pensamiento, estimulando su libertad y su creatividad.

La política debe volver a renacer, también. Necesitamos un Renacimiento político y democrático. Pero si hay una losa que impide que emerja esta urgente necesidad es la pereza, la pereza mental y la falta de audacia para desprendernos de lo adquirido y que, a la vez, nos impide innovar y repensar, que nos refugia y nos consuela con lo conocido, previsible y fijo. Debemos romper el círculo perverso que para la política se establece entre pereza-conocimiento-posición. Un círculo que recrea y protege el pensamiento conservador e impide la innovación y la libertad.

Las maneras de abordar un problema son parte de las soluciones al mismo. Si la mirada a los retos es siempre desde la misma perspectiva, posición y ángulo, difícilmente se encontrarán nuevas opciones. No hay innovación en lo previsible, ni en lo inexorable, y necesitamos ―más que nunca― nuevas ideas capaces de enfrentarse a todo tipo de determinismos que nos paralizan y que reducen la política a un hecho gerencial o notarial del destino, sin ninguna influencia en él y sin ninguna capacidad de controlarlo, ni dirigirlo.

Además, la habilidad y destreza que adquirimos al hacer (y rehacer) caminos y decisiones ya exploradas nos hacen más eficaces, pero no necesariamente más eficientes. La facilidad nos vuelve torpes. La política puede quedar atrapada entre la pereza y el cinismo. Pereza para no buscar nuevas soluciones a los problemas y cinismo para idolatrar el letal «no hay alternativa» como respuesta indolente a los retos urgentes que hay que resolver inaplazablemente. Parte de la política se ha contaminado, definitivamente, del TINA (siglas en inglés de «There Is No Alternative») que popularizó hace más de 30 años Margaret Thatcher en sus discursos.

Hemos dejado de pensar… y vamos con el piloto automático. Al mecanizar nuestras respuestas por defecto, estamos optando por «una selección hecha por lo general de forma automática y sin consideración activa debido a la falta de una alternativa viable». Es, precisamente, la falta de imaginación sobre horizontes nuevos lo que impide pensar en alternativas, no la factibilidad de su consecución. Estamos atrapados por las soluciones predictivas (hasta en los teclados) y las respuestas automáticas «en la ausencia de una elección hecha por el usuario» propias de los sistemas informáticos. Así, las inercias se convierten en falencias. Y las soluciones por defecto acaban, paradójicamente, en errores por la ausencia de discernimiento. Nadie duda cuando no tiene opciones. Y cuando no se duda, no se piensa. Así se encuentra buena parte de nuestra política.

Hay que volver a leer a los clásicos si queremos mirar hacia adelante. Volver a leer, por ejemplo a Isaiah Berlin y su breve ensayo El erizo y la zorra. Tolstoi y su visión de la historia (1953). Entre los fragmentos conservados del griego Arquíloco, uno dice: «Muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo sabe una sola y grande». La fórmula, según Isaiah Berlin, ―y que podemos leer en el prólogo de la edición de Ediciones Península (2002)― puede servir para diferenciar a dos clases de pensadores, de artistas, de seres humanos en general: aquellos que poseen una visión central, sistematizada, de la vida, un principio ordenador en función del cual tienen sentido y se ensamblan los acontecimientos históricos y los menudos sucesos individuales, la persona y la sociedad. Y aquellos que tienen una visión dispersa y múltiple de la realidad y de los hombres, que no integran lo que existe en una explicación u orden coherente, pues perciben el mundo como una compleja diversidad en la que, aunque los hechos o fenómenos particulares gocen de sentido y coherencia, el todo es tumultuoso, contradictorio, inapresable.

La política transformadora debe ser liderada, modestamente, por zorros y zorras (en la metáfora de Berlin). Es decir, por los que dudan y exploran. Y también por los audaces dispuestos a someter sus certezas a la urgente y necesaria renovación que les permita comprender, en parte, lo nuevo. Por los y las que creen que sí hay alternativas. Que la política democrática y transformadora es aquella que se rebela contra el determinismo y la fatalidad del «There Is No Alternative»). Y para ello, debemos protegernos contra la indolencia de la pereza política. No podemos renunciar a pensar en nuestros propios argumentos y convicciones, ni tampoco en los contrarios, como el mejor antídoto contra la irrelevancia de una política secuestrada por el piloto automático.

Por eso escribo, para que la pereza no me atrape, haciéndome prisionero de su confort amniótico y de sus falsas seguridades. Lo explica maravillosamente James Baldwin: «Escribimos para cambiar el mundo (…). El mundo cambia en función de cómo lo ven las personas y si logramos alterar, aunque sólo sea un milímetro, la manera como miran la realidad, entonces podemos cambiarlo». Por eso, para mover la mirada, aunque sea solo un milímetro, y liberarnos tanto como sea posible de las anteojeras mentales que nos limitan.

Cities for life. Global Meeting Medellín 2015

Publicado el 25.08.2015

Cities for life
Los próximos 31 de agosto y 1 de septiembre se celebrará en Medellín el encuentro Cities for Life, en el que tengo el placer de participar como speaker el primer día, hablando sobre los Smart Citizens, en estas Ciudades para la Vida. Entre los ponentes, algunos amigos como Carlos Moreno, Pilar Conesa o Steffen Becker (Appcircus-Dotopen).

Durante el evento, mandatarios de más de 50 ciudades se reunirán para dialogar, compartir experiencias y co-crear políticas que permitan ir más allá del concepto tradicional de desarrollo y convertir a las urbes en lugares más humanos, que respeten las relaciones existentes entre las personas y su entorno. Durante dos días, Medellín será el escenario para empezar a construir solidaria e innovadoramente ciudades más justas, humanas y libres, gracias a la transparencia, la participación, la no-violencia y la innovación centrada en los seres humanos.

Para ello, se abordarán tópicos como movilidad, planeación y diseño urbano, desarrollo social, medio ambiente, gobierno y seguridad. Estas temáticas se tratarán desde espacios políticos y técnicos que posibilitarán diálogos, acuerdos, encuentros e intercambios de experiencias.

A través de esta reunión global de ciudades para la vida se quieren compartir buenas prácticas y, además, lanzar la plataforma global de Cities For Life0, un espacio de cocreación en el que las ciudades podrán compartir esas buenas prácticas con la idea de que pasen de una ciudad a otra y sean modelos replicables. Se trata de sentar las bases de una gran red global.

plataforma

En esta plataforma se procesarán retos urbanos específicos y se recibirán propuestas de solución de la comunidad global y de un banco de experiencias innovadoras exitosas. Así, se formularán planes de acción para las ciudades.
Esta es la primera versión del encuentro que se viene pensando desde la realización del Foro Urbano Mundial de 2014, evento en el que Medellín pudo dar a conocer las estrategias que la convirtieron en la Ciudad más Innovadora del Mundo en 2013. Más allá del premio, este reconocimiento fue una invitación para pensar en las ciudades y en el rol que deben jugar en el mundo, teniendo en cuenta que para 2050 cerca del 75 % de la población mundial vivirá en suelos urbanos. Al finalizar esta primera versión se le dará la sede a otra ciudad del mundo para que continúe este ejercicio de co-creación global y de trabajo colaborativo. Además, se hará entrega de una declaración en la que los alcaldes y mandatarios entregarán acuerdos, objetivos y lineamientos de acción acerca de la forma como deben ser enfrentados los retos orientados a la búsqueda de ciudades más efectivas para un desarrollo humano integral. Hasta la fecha, 32 ciudades identificadas como altamente innovadoras han confirmado asistencia a este encuentro mundial, entre ellas: Barcelona, Buenos Aires, Ciudad de México, Nueva York, Río de Janeiro, Seúl y Tel Aviv.Podéis seguir toda la información asociada en Twitter, Facebook o YouTube.

Documento PPT que acompañó mi intervención:

Cities for life. Global Meeting Medellín 2015 from Antoni

Mismos desafíos, nuevos objetivos

Publicado en: El Telégrafo (Ecuador) (16.08.2015)

El pasado 2 de agosto, en Nueva York, delegados de los 193 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas terminaron de redactar el borrador de lo que será la agenda post-2015. Este documento, el cual se firmará definitivamente en la Cumbre Especial para el Desarrollo Sostenible, entre el 25 y el 27 de septiembre, culmina con una batería de 17 Objetivos. Destacan: eliminar la pobreza extrema, terminar con el hambre y mejorar la nutrición, garantizar vidas saludables, lograr la igualdad de género, reducir la desigualdad dentro y entre países, o combatir el cambio climático, entre otros. Estas metas ―cada una con sus indicadores― bien podrían agruparse en tres macrodesafíos: el hambre y la promoción de la salud, las desigualdades e injusticias y la crisis ecológica.

Esta nueva agenda se construye sobre la experiencia y resultados de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), fijados en septiembre del año 2000. Aquellos 8 objetivos, que eran algo más generales, se encuentran presentes, de alguna u otra manera, en esta nueva serie. Por ejemplo, en la meta sobre la salud de esta nueva agenda se incluyen los ODM 4, 5 y 6, los que se ocupaban de la mortalidad infantil, la salud materna y el VIH, respectivamente. Que los ODM estén contenidos en esta nueva agenda revela su incumplimiento, sea parcial o total… ¿un fracaso?

La División de Estadística del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, desde el año 2005, ha venido elaborando un informe anual en el que evaluaban los diferentes indicadores de los ODM. En su esperada última edición, al cumplirse el quindenio, se realizó un balance general. Ya en su prólogo, Ban Ki-Moon, Secretario General de las Naciones Unidas, concluía: «los ODM ayudaron a que más de mil millones de personas escaparan de la pobreza extrema, a combatir el hambre, a facilitar que más niñas asistieran a la escuela como nunca antes, y a proteger nuestro planeta […] pero, a pesar de los notables logros, soy profundamente consciente de que las desigualdades persisten y de que el progreso ha sido desigual». El informe se acompañó de una esclarecedora tabla que muestra, en colores, el progreso logrado en la consecución de la meta y, en letras, los niveles de desarrollo a fecha junio de 2015. En algunas zonas, aunque los indicadores hayan mostrado avances significativos, el nivel de desarrollo aún es deficiente… todavía queda mucho trabajo por hacer (por ejemplo, en relación al hambre ―primer objetivo de la vieja agenda y segundo de la nueva― que todavía no se ha erradicado).

El informe El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2015 expuso que la cantidad de personas subalimentadas se redujo en 216 millones, pero que aún hay 795 millones de personas que pasan hambre. Asimismo, en el momento en que se desarrolló dicho estudio, sólo 72 países de los 129 que eran objeto de seguimiento habían logrado reducir a la mitad el porcentaje de personas ―y eso que el aumento demográfico, de alguna forma, ayuda a este indicador, pues hace que el porcentaje de personas hambrientas disminuya mientras la cantidad nominal sigue creciendo―.

En otra parte del informe final de los ODM, el Secretario de Naciones Unidas explicaba: «las experiencias y las pruebas de los esfuerzos para alcanzar los ODM han demostrado que sabemos qué hacer. Pero para lograr mayores progresos necesitaremos una voluntad política inquebrantable y un esfuerzo colectivo a largo plazo». Es decir, se sabe qué hacer, se sabe cómo hacerlo, pero no está claro que, verdaderamente, se quiera hacer. El compromiso de los países poderosos ―los que cargan con mayor responsabilidad (colonialismo y deuda ecológica) y, a su vez, los que cuentan con más recursos para liderar un cambio positivo― es muchas veces endeble y así ha quedado demostrado en las últimas décadas. Además, algunos expertos, como Jan Vandemoortele, economista considerado uno de los padres de los ODM, denuncian que persiste una actitud paternalista de los países del norte y que la agenda es global pero no universal; que, como dice el refrán, se mira la paja en el ojo ajeno (pobreza extrema) y no la viga en el propio (desigualdades).

Sin embargo, hay algunos pocos motivos para pensar que esto puede estar cambiando. El presidente Obama acaba de presentar un programa, denominado Plan de Energía Limpia, con el que buscará reducir las emisiones de carbono de las centrales termoeléctricas en un 32 % para 2030. Según Obama, se trata del «paso más importante que haya dado EE. UU. en la lucha contra el calentamiento global» ―el tiempo dirá si la iniciativa puede seguir adelante o si la lucha de poderes norteamericana la obstaculiza―. Existe una suerte de proceso global de toma de conciencia. Y, en esto, mucho ha tenido que ver el liderazgo del Papa Francisco, no solamente por su revolucionaria encíclica, en la que directamente critica la débil reacción de los líderes y organizaciones internacionales ante la crisis ecológica, sino también por sus innumerables discursos. Del hambre global, en concreto, se ocupó en el discurso inaugural de la 39ª Conferencia de la FAO. Y sobre la desigualdad se ha pronunciado en varias ocasiones, a veces de forma directa y espontánea y otras con más profundidad, como en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, cuando hizo un llamamiento a decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». En septiembre, Francisco hablará ante la ONU antes de que comience la cumbre que fijará la agenda post-2015. Podemos imaginar que en su discurso, seguramente emotivo pero incómodo, exhortará a los líderes internacionales a comprometerse con los nuevos objetivos.

Pero, ¿vale la pena insistir con objetivos a largo plazo? ¿Qué nos hace pensar que estos objetivos serán los definitivos? ¿Proyectarse en 2030 cuando el hambre, las desigualdades y la crisis climática son problemas actuales?

La urgencia del presente no tiene que desplazar la necesidad de pensar un futuro. Hoy vivimos gobernados por el presente: «el corto plazo ha reemplazado al largo plazo y ha convertido la instantaneidad en ideal último. La modernidad fluida […] disuelve, denigra y devalúa su duración», dice Zygmunt Bauman en Modernidad Líquida. Es necesario, pues, que recuperemos el futuro si queremos recuperar la ilusión ciudadana. Necesitamos volver a pensarlo, a imaginarlo, a construirlo. Los objetivos, aunque lejanos, nos invitan a seguir, a realizar mayores esfuerzos. El reto del futuro: su promesa, su horizonte, su trayecto, su desafío… es una poderosa energía movilizadora.

Conscientes, sí; críticos y exigentes, también. Pero no pesimistas. Necesitamos creer y comprometernos, todos, con estos nuevos objetivos. Y mejor si son tildados de ambiciosos, de utópicos… porque como alguna vez dijo Eduardo Galeano: «la utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».

Volvería a hacerlo

Publicado en: El País (14.08.2015)(blog ‘Micropolítica’)

“La prudencia siempre es una virtud aconsejable”, ha dicho el ministro del Interior, Jorge Fernández, en una primera respuesta múltiple a todos los portavoces de la oposición en la comparecencia urgente y extraordinaria de esta mañana en el Congreso de los Diputados. Pero hoy no se ha hablado solo de prudencias e imprudencias, sino de incompetencias y de incumplimientos de la legalidad. El ministro, por el contrario, afirma que cumplió con su “deber y responsabilidad”, y ha negado rotundamente que el motivo de la reunión con Rodrigo Rato tuviera nada que ver con su situación procesal. “Era mi deber atender a Rato; se reunió conmigo por su seguridad personal’, acreditando esta explicación con el dato, convertido en argumento, de que Rato ha recibido más de 400 tuits ofensivos y amenazadores. En la versión del ministro, Rato estaría preocupado porque la nueva política de asignación de escoltas a los ex altos cargos pudiera comprometer su seguridad frente a las amenazas digitales. Twitter ha reaccionado con ironía y sarcasmo a las reveladoras declaraciones del ministro.

Pero en la Comisión no ha habido ironía, sino indignación y fuerte contestación a la explicación gubernamental y a la actitud defensiva de Fernández. Los portavoces han sido duros al sentirse burlados. Creen que todo ha sido un burdo ejercicio de cortina de humo. El ministro, para rematar su versión, ha interpretado las palabras de Rato de que en la reunión hablaron de “todo lo que le está pasando”, reduciéndolas al tema de la seguridad. Con esta interpretación, ha creado un muro profiláctico sobre el encuentro, y solo ha hecho una única concesión: admite que es opinable la cita, el lugar y las no explicaciones anteriores o posteriores al encuentro.

Pero no parece que la oposición -y una buena parte de la opinión pública- piense que es simplemente opinable. Al contrario. Todos, casi sin matices, piden su dimisión. Los más suaves le tildan de imprudente e incompetente (también entre sus propias filas se han levantado inusuales voces críticas), y otros consideran que podría haber cometido posibles delitos. Los socialistas entregaron ayer un escrito en la Fiscalía General del Estado en el que acusan al ministro de los delitos de prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y revelación de secretos, a lo que el Ministerio responde con que estudia “eventuales acciones penales por denuncia falsa, injurias y calumnias”.

Pero esta comparecencia, más allá de las valoraciones políticas, ha permitido un pequeño debate sobre lo íntimo, lo particular, lo personal, lo privado y lo público. Y las relaciones –e implicaciones- que tiene una correcta interpretación de estas palabras –y sus consecuencias- en la vida política. “Con el uso del lenguaje hay que ser especialmente cuidadoso”, ha dicho Fernández para protegerse de una expresión susceptible de ser considerada machista. Y tiene razón. Cuidar el lenguaje es una exigencia en la vida política. Y ello obliga a comprender las palabras que se utilizan. Este es el tema.

El ministro volvería a hacerlo. Esta es la cuestión de fondo. Las formas son fondo. Esta sería, quizá, la razón más poderosa para que dimitiera. Es decir, volvería a reunirse en su despacho oficial con un imputado acusado de graves delitos contra el interés general, para hablar de su seguridad personal, cuando –precisamente- sus presuntos delitos han causado una grave inseguridad pública. Y lo haría como lo ha hecho, siendo el Ministerio en parte responsable de las investigaciones que han llevado al banquillo al presunto delincuente. Es decir, el ministro que le investiga o debería hacerlo, se reúne con un imputado para hablar de su protección. La acrobacia política es casi insuperable. E incomprensible para muchos ciudadanos. Fernández, que no reconoce haber cometido error alguno, se autoafirma como un servidor público con más de 36 años de cumplimiento del deber, fiel a sus “principios, creencias, convicciones”.  Es decir, no duda.

Pero las dudas, sobre él y sobre lo qué pasó, son las que posiblemente han aumentado tras su comparecencia. Que Fernández no vea incompatibilidades estéticas, éticas o legales en esta reunión es preocupante. Que se reafirme en su proceder es casi inconsciente. Que lo justifique en términos de seguridad es sorprendente y casi inverosímil. Que esgrima y argumente como ingenuidad y buena fe propias, en contraste con los prejuicios y conjeturas de algunos de sus adversarios políticos, es excesivo. En política, los comportamientos tienen límites. Y las palabras, también.

Entrevista para Sabemos: “La comunicación mejora la calidad de la política y, con ello, la democracia”

Publicado en: Sabemos Digital (11.08.2015)

Entrevista de Germán Pacheco (Kuorum.org) que reproduzco a continuación.

Antoni Gutiérrez-Rubí es uno de los asesores políticos más reputados de España y Latinoamérica. Director de Ideograma, consultora que fundó hace 30 años, considera que los partidos tienen todavía mucho que avanzar comunicativamente, sobre todo en el terreno online: “su comprensión de Internet es limitada y reduccionista”.

Antoni Gutiérrez-Rubí

Antoni Gutiérrez-Rubí (Barcelona, 1960) es asesor de comunicación y consultor político en España y Latinoamérica. Actualmente es director de Ideograma, una consultora que fundó hace ya 30 años. Como buen experto y apasionado de la comunicación, tiene un blog –gutierrez-rubi.es– en el que publica su trabajo y que este año ha sido galardonado por cuarta vez consecutiva como el mejor en impacto informativo en la VictoryAwardConference, que otorga los premios más prestigiosos de la consultoría política en Iberoamérica y Estados Unidos.  Además, es articulista en diversos medios de comunicación -El País, El PeriódicoCinco Días- y ha escrito varios libros, entre los que destacan Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado (2008) y La política vigilada. La comunicación política en la era de Wikileaks (2011). Con tono cordial y seguro, demostrando un profundo conocimiento de la materia, explica su visión de la comunicación política digital y la importancia de ésta para involucrar al ciudadano y mejorar la calidad democrática.

¿Cómo entró en el mundo de comunicación política?
Entré en el mundo de la comunicación política de la mano de la publicidad electoral, que es una parte muy visible pero a mi juicio cada vez menos relevante y pequeña de lo que yo entiendo que es la comunicación política. Yo era diseñador gráfico y entré como junior en una agencia, ahí tuve mi primer contacto con la comunicación política. Con el tiempo y gracias a mis habilidades pasé de las formas al fondo y de la gráfica a los conceptos. Al poco tiempo empecé a trabajar por mi cuenta y monté un estudio gráfico de diseño en el que mis primeros clientes fueron políticos.
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Lecciones de V.O.

Publicado en: El País (9.08.2015)(blog ‘Micropolítica’)

Konvent
La canícula es implacable con el olvido. Ha pasado poco más de un mes y Versión Original, la web para «desmentir y matizar» informaciones promovida por el Ayuntamiento de Madrid, parece que ya no interesa. En la nota de prensa que el Ayuntamiento difundió, en su momento, añadió que esta web permitiría «a los ciudadanos y a los medios encontrar la información original que dio lugar a una noticia que en su recorrido se ha modificado y contiene datos que no son exactos o son matizables».

Después de unos días de parón (no publicaban nada desde el 24 de julio) y de calma (tras la monumental y desproporcionada bronca política y profesional que se generó), la web ha vuelto a reanudar su actividad de manera discreta y suave. Pero efectiva. El posible enfoque defensivo, centrado en la denuncia e identificación (de medios y periodistas), ha dado paso a un ejercicio de clarificación, contraste y ampliación. En positivo. Los y las responsables de comunicación del Ayuntamiento, y la propia Manuela Carmena, ya sacarán sus propias conclusiones sobre la hipervigilancia a la que están sometidas todas sus actuaciones y, en consecuencia, la necesidad de afilar mejor las estrategias, orientarse a la persuasión y a la creación de alianzas, medir los tempos y fortalecer la inversión pedagógica que toda innovación reclama y exige si quiere ser mayoritaria. También en la política.
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