La neuropolítica: conocer el cerebro para liderar las ideas

neuropolítica

“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.”
Albert Einstein

Carlos Belmonte [1], prestigioso científico del Instituto de Neurociencias de Alicante y experto en los mecanismos del dolor y del funcionamiento del cerebro, afirma que en un futuro cercano “leeremos y manipularemos el cerebro como queramos”. Una posibilidad más que inquieta y que se convertirá en un desafío ético para la humanidad y para la política democrática. No es ciencia-ficción, es ciencia posible.

El poder de la ciencia: un debate abierto
La capacidad de modificar un cerebro física o químicamente, también genéticamente, va a suponer un debate ético sobre los límites de esta actuación y de su legitimidad. Podremos borrar, selectivamente, recuerdos traumáticos (como los que sufren los soldados en situaciones de guerra o las personas víctimas de torturas o agresiones) o pretender que el cerebro de nuestros hijos esté especialmente dotado para la música o la literatura. Pero la investigación que permite la posibilidad técnica de tales avances debe de ir acompañada de un profundo debate político y social sobre los límites del poder científico.  La respuesta política a este desafío debe desarrollarse de manera conjunta desde ambos ámbitos. Y debe ser, también, una responsabilidad ineludible de los progresistas.

El cerebro humano, el gran desconocido
Pero para ello, debemos conocer más y mejor el cerebro de hombres y mujeres, superando algunas reservas y bloqueos a los avances de la ciencia que todavía atemorizan a la izquierda transformadora que, a veces, parece conservadora.
Estamos, por ejemplo, y gracias a las nuevas técnicas de imagen, retratando y monitorizando el cerebro de tal manera que podemos ver ya cualquier alteración de su corteza o de sus amígdalas. Pronto vamos a discutir si aceptaremos como prueba irrefutable en los tribunales las imágenes de éste mostrándonos cómo se altera con la verdad o la mentira.

Sabemos que las mujeres detectan mejor que los hombres los estados emocionales de sus interlocutores porque sus amígdalas funcionan de manera diferente, lo cual explicaría que ellas sean más empáticas que ellos. ¡Y qué decir de la química! Hemos confirmado la intuición y hemos demostrado que el exceso de testosterona de los varones (mayoritarios en los parqués bursátiles del mundo) puede haber jugado un papel decisivo en el riesgo excesivo e imprudente de los gestores de mercados financieros en la actual crisis, como se demostró recientemente en un artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Sabemos, también, que los condicionantes genéticos son determinantes para la evolución de la inteligencia de las personas, que un cerebro puede ir al máximo de sus posibilidades pero no más allá de su capacidad genética. Así como que la plasticidad de éste en los primeros años de formación y crecimiento es decisiva, en su configuración y potencialidad intelectual y relacional. De ahí, la enorme responsabilidad de la educación social, familiar y reglada.

Tenemos 100.000 millones de neuronas y, cada una de ellas, 1.000 conexiones que forman un circuito determinado. La neurociencia nos indica que lo importante es la configuración de estas conexiones. Su conocimiento es el que nos permite bloquearlas con las sustancias capaces de alterar un circuito. Si se administra a una persona depresiva, por ejemplo, un bloqueante de la recaptación de la serotonina, al día siguiente está como nueva. ¿Lo que es legítimo en un enfermo (el individuo depresivo) lo va a ser, también, en una persona melancólica y triste? Nuestra capacidad de cambiar lo enfermo está en la misma línea que nuestra capacidad para cambiar el carácter, las emociones, las percepciones… y las opiniones. La proximidad de lo aceptable y lo inaceptable se pone en jaque por la posibilidad técnica. Renunciar a lo que no es posible no requiere coraje. Renunciar a lo que es posible es el auténtico desafío.

El poder del subconsciente. Intuición vs razón
Sabemos también que las decisiones “libres” que tomamos en nuestra vida cotidiana tienen que ver en un 80% con la información subconsciente. Decidimos en función de una gran cantidad de información que tenemos en nuestro cerebro… y de la que desconocemos su existencia. La zona consciente de nuestro cerebro es muy pequeña y la experiencia vital (nuestra escala de valores acumulada) que determina nuestras decisiones (intelectuales, emotivas y racionales) es muy vulnerable a nuestros prejuicios. “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” decía Albert Einstein.

Eduard Punset, en su libro “Por qué somos como somos” [2], afirma que en la vida (en nuestras decisiones) recurrimos a intuiciones que requieren mucha menos información de la que creemos. Que tomamos decisiones muy serias e importantes con un gran nivel de exposición a la equivocación. Y que incluso “cuando el cerebro percibe una explicación distinta a lo que él cree no sólo la cuestiona, es que corta los circuitos de comunicación para que no penetre. Por eso no cambiamos de voto”. Es a lo que se llama disonancias. Es decir, nuestro cerebro bloquea la información racional que podría hacernos cambiar de opinión ya que preferimos las convicciones emocionales o morales a las confirmaciones racionales o epistemológicas. Las personas preferimos escuchar lo que queremos escuchar, leer lo que queremos leer, opinar lo que queremos opinar.

Neuropolítica como base de la acción transformadora
Sabemos todas estas cosas, pero todavía las ignoramos para la acción política transformadora. La neuropolítica se abre paso como una nueva disciplina capaz de comprender el cerebro de las personas en su condición de ciudadanos, electores o activistas. Nos permite conocerlo mejor, saber cómo funciona, cómo articula sus imágenes, con valores, con sentimientos y cómo se canalizan sus decisiones. Esa es la cuestión que debe ocupar más tiempo y energías a la política democrática de orientación progresista.

Ya hemos aprendido la fuerza cognoscitiva del lenguaje en la política, con los trabajos sobre comunicación política [3] de George Lakoff y la fortaleza de los marcos conceptuales que inhiben la razón y la condicionan. Estamos explorando el potencial de la “política de las emociones”, leyendo las aportaciones, entre otros, de Drew Westen, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Emory y su trabajo “El cerebro político” [4]. Sabemos ya que las razones no siempre dominan la razón. Y que la mejor manera de llegar al cerebro de un elector es a través de su corazón.

Repensar la ideología en función del factor humano
Pero debemos convertir el conocimiento de la psicología, de la neurociencia y de las emociones que rigen y explican el comportamiento de nuestros ciudadanos, en un estímulo para repensar la oferta progresista, con nuevos ingredientes para no renunciar a nuestras convicciones políticas e ideales morales. La arrogancia de la ideología debe dar paso a una nueva filosofía.

Obsesionados con las ideas programáticas, decididos a que nuestra superioridad intelectual en el debate ideológico es abrumadora y debe ser reconocida y aplaudida por los ciudadanos en su dócil misión de aprobación electoral, hemos olvidado la comprensión real de las emociones, de las palabras, y no tenemos ni idea del comportamiento del cerebro en su misión reguladora y directiva de las actitudes humanas.

Seguimos sorprendiéndonos de que algunas mayorías electorales sigan revalidando candidatos y propuestas que, objetivamente, perjudican a los propios intereses de las comunidades que los eligen o a valores y patrimonios superiores, como el planeta. Sobredimensionamos la capacidad concluyente de la información, del dato, y no nos damos cuenta de que nuestras sociedades están abrumadas, precisamente, de datos, opiniones, informaciones, rumores… y reclaman dosis de simplicidad reconfortante. Y de que, además, nuestros cerebros se resisten a dar crédito a la verdad, asiéndose en el terreno de las convicciones y de las emociones como la mejor arquitectura para la toma de decisiones y cómo bastión irreductible de las opiniones. Los prejuicios, nunca mejor dicho, anteceden a los juicios.

“Buscar la verdad es complejo, es más sencillo validar una opinión previa”, afirma Daniel Eskibel [5]. Nuestro cerebro detesta el conflicto interno, por eso se refugia y valida toda la información previa que refuerce el apriorismo instalado.  A su vez, José Antonio Marina, en su libro “La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez” [6], señala cuatro tipos de fracaso de nuestra inteligencia: cognitivos, afectivos, de lenguaje y de la voluntad. “Los fracasos cognitivos provienen del empeño que tenemos muchas veces las personas de negar la realidad. Los prejuicios, la superstición, el dogmatismo, el fanatismo son formas de pensamiento que niegan la realidad, que evitan la aceptación de las evidencias que se nos presentan”. Algunas de estas creencias son conscientes, pero la mayoría son inconscientes e influyen poderosamente en nuestras emociones y decisiones.

Y todavía más. Ted Brader, autor de la “Teoría de la Inteligencia Afectiva”, [7] afirma que: “las emociones tienden a anticiparse para definir las decisiones políticas de las personas, y las emociones positivas liberan el camino para el ingreso de mensajes que confirmen las ideas preconcebidas, mientras que las negativas parecen conducir a la reflexión, aunque no modifiquen el sistema de creencias previas”.

Ideología y filosofía
En este contexto complejo, la propuesta progresista debe replantear su estrategia de persuasión-comunicación-adhesión con un mejor conocimiento de lo emocional y neuronal y con una práctica política que favorezca, también, las “filosofías de vida” como complemento revitalizante de las ideologías. Una nueva mirada a lo espiritual, a la tradición vital, a los valores, a los estilos de vida, a las conciliaciones cuerpo-mente, individuo-sociedad, persona-planeta y una radical apuesta por la modernidad cultural, tecnológica y social de la inteligencia cooperativa y compartida que se abre paso en la sociedad digital. Una oferta tan vital… como ideológica.

En lugar de presentar las emociones y los estilos de vida como un conflicto frontal, y como un fracaso de la racionalidad, la oferta política debe comprender las relaciones de complementariedad entre lo cognitivo, lo emocional, lo vivencial y el aprendizaje, como un conjunto inseparable de la naturaleza humana… y del cerebro humano.

Todo ello con el objetivo de que los valores progresistas, vividos y sentidos, se preinstalen de manera legítima, pero segura y confortable, en el mundo apriorístico que precede nuestras decisiones y comportamientos. Instalados en el corazón y en las emociones de las personas podremos pedirles la atención mínima a nuestras propuestas. No hay otro camino para el desafío de las ideas.

[1] Ganador del Premio Nacional Gregorio Marañón de Medicina 2009 y presidente desde 2007 de la Organización Internacional para la Investigación del Cerebro (IBRO, por sus siglas en inglés).
[2] “Por qué somos como somos”, Eduard Punset. Editorial Aguilar. Madrid, 2008.
http://www.eduardpunset.es/libros_detalle.php?idlibro=127
[3] “No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político”, George Lakoff. Complutense 2007. Madrid, 2007
[4] “The Political Brain. The Role of Emotion in Deciding the Fate of the Nation”, Drew Westen. New York PublicAffairs, ©2007.
[5] http://www.psicociudad.com/
[6]  “La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez”, José Antonio Marina. Anagrama, Colección Argumentos (2004, 2005)
[7] “Affective Intelligence and Beyond: Next steps in research on emotion in politics”, Ted Brader. http://www.unr.edu/organizations/pcr/1603_2006_fall/roundtable_brader.html

Bibliografía:
The Sentimental Citizen. Emotion in Democratic Politics
Marcus, George E. The Pennsylvania State University, 2002
The Political Mind: A Cognitive Scientist’s Guide to Your Brain and Its Politics
Lakoff, George. Penguin Books (2009)

Artículos y documentos de interés:
El almacén de los recuerdos (Mar de las Heras)
Fuente: El País (9.10.2010)
Redes de poder (Silvia Hinojosa)
Fuente: La Vanguardia (18.04.2010)
Nuestro cerebro intolerante (Crsitina Sáez)
Fuente: La Vanguardia (ES-17.04.2010)
– Testosterona y riesgo financiero (Gemma Lienas)
Fuente: El País (7.09.2009)
La S con la Ch: ¡Schwarzenegger!
Fuente: El País (Javier Sampedro, 15.10.2009)
– After the crash, Iceland’s women lead the rescue
Fuente: The Observer (22.02.2009)
– “El talento ni es innato ni es genético: el talento se cultiva”, Dan Coyle
Fuente: La Vanguardia (La Contra, 17.11.2009)
Dime qué sientes y te haré ganar dinero
Fuente: El País (M. Antonia Sánchez-Vallejo, 11.03.2008)
“El más inteligente es el más flexible”, Eduard Punset
Fuente: El Periódico de Catalunya (17.03.2010)

La neuroeconomía, los mecanismos mentales en la toma de decisiones económicas
Nuevas disciplinas para el conocimiento: Neuroeconomía, Neuropolítica y Neuromarketing
Neuromárketing o cómo llegar a la mente del consumidor (Roger Domingo)
Neuropolítica: Los conservadores son más miedosos (El País, 8.10.2008)

Enlaces de interés:
Neuropolítica y emociones. Técnica utilizada por la élite y los políticos para manipular a las masas (María Toledano)
Una empresa inventa un sistema de medición de la eficacia publicitaria en Neuromarketing (MarketingDirecto.com, 20.11.2009)
Left brain, right brain (Prospect Magazine. Matthew Taylor, 23.09.2009)
Neuronas espejo y civilización: a través del conocimiento compartido hacia la inteligencia colectiva (El caparazón. Dolors Reig, 6.01.2010)
Más libros:
Neuromarketing (Néstor P. Braidot. Ediciones Gestión 2000 2009)
Nudge. Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness (Richard H. Thaler & Cass R. Sunstein)

Etiquetas: , , , ,

Comentarios sobre: La neuropolítica: conocer el cerebro para liderar las ideas

  1. Pingback: sonia e. sánchez
  2. Pingback: NetEspresso
  3. Pingback: Jordi Garcia 
  4. Muy interesante la reflexión que nos queda para adelante. Gran artículo.

    Disonancia y Resonancia, creo que son una buena metáfora para el caso y E. Punset va muy claro en este aspecto. De acuerdo a ello, la acción política debiera más bien buscar y entregar aquellos elementos que resuenen en nosotros más que las técnicas para administrarlos con mayor facilidad en nuestras mentes. Si no resuenan, básicamente volvemos después del intento a nuestras ideas previas (posición de reposo o de equilibrio, como en los sistemás físicos). La historia de la humanidad ha sido la historia de lo que logró ser aceptado y de las “vueltas a lo básico”.

    Acá en Chile, al borde de unas nuevas elecciones presidenciales, han brotado de los sistemas políticos clásicos nuevas ideas que han adquirido enorme fuerza y organicidad aún disponiendo de muy bajo presupuesto (algo muy dificil en la práctica). Es decir, han Resonado. Los jóvenes por primera vez encuentran un punto de apoyo desde donde ser reconocidos en valores e ideales y se han convertido en una palanca que puede mover de verdad la estructura política y las configuraciones electorales (y lo están haciendo). Esto es un ejemplo de cómo recolectando ideas resonantes, en este caso sin representación activa, es posible generar un nuevo órgano para el cuerpo político nacional. Si se logra conectar bien al organismo previo, si es reconocido “inmunológicamente”, va a persistir y va a haber evolución.

    En definitiva, creo que debemos aprender a ser buenos recolectores de ideas, buenos sitetizadores de propuestas, buenos generadores de protocolos de comunicación, buenos linkeadores de redes (nodos internos, nodos básicos o pre-existentes, nodos nuevos). No es la idea ir por la vida destruyendo valores que han sido por siempre re-validados y vividos, y por lo mismo, incorporados a fuego en nuestra existencia. En eso no podemos equivocarnos.

    Saludos.

  5. Respecto de la toma de decisiones, un artículo interesante en EDGE.ORG: Smart Heuristics de Gerd Gigerenzer:

    http://www.edge.org/documents/archive/edge113.html

    Justamente aborda el asunto de la heurística para las desiciones en escenarios complejos, y de los recursos de que se vale para ello:

    “To give a simple example, imagine Homo economicus in mate search, trying to find a woman to marry. According to standard theory Homo economicus would have to find out all the possible options and all the possible consequences of marrying each one of them. He would also look at the probabilities of various consequences of marrying each of them — whether the woman would still talk to him after they’re married, whether she’d take care of their children, whatever is important to him — and the utilities of each of these. Homo economicus would have to do tons of research to avoid just coming up with subjective probabilities, and after many years of research he’d probably find out that his final choice had already married another person who didn’t do these computations, and actually just fell in love with her.
    …..
    Love, whether it be romantic love or love for our children, helps most of us to create a commitment necessary to make us stay with and take care of our spouses and families. Emotions can perform functions that are similar to those that cognitive building blocks of heuristics perform. Disgust, for example, keeps you from eating lots of things and makes food choice much simpler, and other emotions do similar things. Still, we have very little understanding of how decision theory links with the theory of emotion, and how we develop a good vocabulary of building blocks necessary for making decisions. This is one direction in which it is important to investigate in the future.”

    Saludos.

  6. Muy interesante Antoni. En comunicación y en política, es un campo en el que hay que profundizar. Las técnicas de ayer se van quedando obsoletas.
    Se lo paso a los alumnos del máster.
    Bs.

  7. Jose, comprender como funcionan nuestras endorfinas, por ejemplo, nos ayuda a comprender cómo actúan nuestras neuronas. Demasiado desconocimiento y desprecio a la química desde la política. 🙂

    Pedro, tus aportaciones nos ayudan a profundizar. No sabes cómo te lo agradezco!

    Montse, seguimos. Espero que nos veamos pronto en el Máster!

  8. Delicado el tema que presentas, de hasta dónde podremos conocer y manipular el cerebro con la ciencia. Hay un problema básico que no cae sólo el terreno de la ciencia, sino de la ética. El problema es que la ética presupone que el ser humano va a ser capaz de “tomar decisiones éticas” así como se supone que la política debería perseguir “el bien común”. Y estas dos cosas no las tengo yo demasiado claras, la verdad.
    Y ahí es donde entra peligrosamente la “manipulación emocional” que no racional del voto. Y hay partidos y opciones políticas que juegan duro (y sucio diría yo). Ponen el “bien propio” y de “los nuestros” por encima del bien común. Y la ética se la pasan por el puente. No me gustaría ver ciertas investigaciones en ciertas manos.

  9. Pingback: inventio•lab
  10. Pingback: Antoni Gutiérrez
  11. Pingback: Jurdan Arretxe
  12. Ya he descargado, twitteado el libro, Antoni. Me parece muy interesante. Solo un tema…Es Dolors Reig, no Roig.

    Gracias y un saludo. A ver si coincidimos en algún evento.

  13. Pingback: Luciana
  14. Pingback: Antoni Gutiérrez
  15. Pingback: Luciana
  16. Pingback: Ramon Bassas
  17. Pingback: Judith Vives
  18. Pingback: cris_hernandez
  19. Pingback: SONIA GUANIPA R
  20. Pingback: Antoni Gutiérrez
  21. Pingback: Federico Dada
  22. Pingback: Javier Pueyo
  23. Pingback: Sergio Hernandez
  24. Pingback: Itziar gomez
  25. Pingback: Manuel Gross
  26. Pingback: Benigno Piñera
  27. Pingback: NetEspresso
  28. Pingback: sonia e. sánchez
  29. Pingback: NetEspresso
  30. Pingback: Raúl Díaz
  31. Pingback: Nuria Networking
  32. Pingback: Gabriel Navarro
  33. Pingback: LINA GUISAO 
  34. Pingback: LINA GUISAO
  35. Pingback: Antoni Gutiérrez
  36. Pingback: Nani
  37. Pingback: Género&Tweets
  38. Pingback: Género&Tweets
  39. Pingback: Género&Tweets
  40. Pingback: Género&Tweets
  41. Pingback: Género&Tweets
  42. Pingback: Rosa Iturmendi
  43. Pingback: DataStrategia
  44. Pingback: Frank Rondon
  45. Pingback: SERGIO PEREZ
  46. Pingback: com47
  47. Pingback: Xavier R. Franco
  48. Pingback: ParamoGris
  49. Pingback: Marivi Peña

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *