Sin candidato: ¿sin política?

Publicado en: El País (01.04.2014)(blog ‘Micropolítica’)

El pasado 7 de marzo, en Dublín, el Partido Popular Europeo escogía a su candidato para ser nombrado presidente de la Comisión. Se trataba de Jean-Claude Juncker. Hasta la capital irlandesa se había desplazado Mariano Rajoy, y otros líderes populares españoles, pero ni una pista sobre quién será el candidato escogido por el PP español para las elecciones del próximo 25 de mayo. Han pasado tres semanas. El Partido Popular Europeo tiene candidato, el español, no. Es el código Rajoy: su estilo, el control del tiempo.

En las principales alternativas siempre ha estado Miguel Arias Cañete, actual ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Todos los medios hablan de él como el casi seguro candidato desde hace meses (a pesar de ser el segundo ministro mejor valorado, no supera el 3,5 en una escala del 1 al 10). Sin embargo, la decisión (el nombramiento) no llega, mientras que sí aparecen otros potenciales cabezas de lista, que finalmente niegan que sean ellos/as, como Alicia Sánchez-Camacho o Esteban González Pons.

En cualquier caso, el PP ya ha iniciado la campaña (lo hizo la pasada semana en Extremadura), pero no ha presentado a ninguna figura reconocible para encabezar las listas electorales. Por supuesto, es algo importante para la campaña, y hacerlo lo antes posible. Ya a principios de marzo, desde el PP anunciaban que Rajoy podría comunicar su decisión en la capital irlandesa o durante el Comité Ejecutivo Nacional del PP que se celebraba el 10 de marzo, pero aún no se ha hecho público, incluso han aparecido algunas inquietudes o dudas sobre el acierto de la estrategia de Rajoy. Cada día sin candidato es un día de campaña menos. ¿No será esto, precisamente, lo que quiere Rajoy?

Rajoy no quiere campaña, o la quiere fría. Es tal vez esa la primera razón de su cálculo. El PSOE ha escogido a Elena Valenciano, una política con fortaleza y posición, la mano derecha de Rubalcaba y con capacidad de imprimir carácter y energía a la campaña. Otros partidos también se han reforzado con políticos importantes. La oposición no tiene contrincante. Y sin adversario, no hay pelea.

Rajoy quiere una campaña corta. Centrada en pocos elementos y conceptos, despejando algunas dudas (incluso algunas inminentes sentencias judiciales como la de la trama Gürtel) que le permitiría centrar la campaña en él mismo. Las calculadoras demoscópicas están en plena tarea. ¿Presidencializará la campaña Rajoy? No es descartable. El eco del Debate del Estado de la Nación, y el posible rendimiento político −aunque no fuera muy claro, incluso competido o discutido− debe estar muy presente en la cocina electoral del PP.

Rajoy quier una campaña al servicio de su estrategia de gobierno. Si el candidato es un ministro o ministra, deberá hacer una remodelación corta o larga. Los relevos le servirán para centrar la campaña. El nuevo Gobierno (en bloque) y el candidato escogido serán los rostros de la campaña. Un Gobierno contra una oposición. Rajoy intuye que, a pesar de todo, su renovado Gobierno puede tener, incluso, algo más de margen de confianza que la marca del PP hoy.

Rajoy no quiere hablar de política, sino de «etiquetas». Al menos no le interesa hablar de política de hoy, de la presente. Cree que todavía hay margen para seguir explotando el pasado (y los errores) del PSOE. La campaña que el PP ha presentado hoy mismo incide en este enfoque estratégico. Todo muy básico: el PSOE, el pasado; el PP, el futuro. Quiere seguir con una gestión centrada en los hechos y los resultados económicos. Piensa que cada día que pasa, ganan opciones sus reformas y se debilitan las críticas de la oposición política y social.

Rajoy ha esperado a Susana Díaz. Ayer era la última oportunidad que tenía la presidenta de Andalucía para convocar anticipadamente las elecciones andaluzas para hacerlas coincidir con las europeas. Rajoy ha esperado. Como en muchos juegos de cartas (a los que él es un buen aficionado), la última carta se lleva la mano. Ha esperado al límite.

Todo por ganar, aunque no hablemos de política, ni de Europa. Elecciones sin candidato. Campaña sin política.

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