El frescor

Publicado en: El País (30.04.2015)(blog ‘Micropolítica’)

El olor es sentido humano y metáfora social.  Inmortalizado como categoría política desde que, alrededor de 1600, el dramaturgo inglés William Shakespeare escribiera La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca. En una de las escenas de la obra, que se desarrolla en la explanada del palacio real de Elsingor, el príncipe Hamlet escucha a su centinela Marcelo pronunciar la frase que se tornó célebre y universal: «algo huele mal en Dinamarca», antes de que apareciera el fantasma de su padre, el rey.

Las referencias al olor, sea sobre el frescor o el hedor, son habituales en el discurso político, y crean visuales y certeros marcos mentales y conceptuales. Cuando Juan Carlos Monedero ha dejado caer esta mañana que reclamaba que Podemos «regrese a los orígenes», reincidía en la idea que hace tan sólo dos días, durante la presentación del libro Conversación con Juan Carlos Monedero (editorial Turpial) había expresado al reclamar que su organización «recupere el frescor del 15M». El dirigente político sabía perfectamente el alcance de sus palabras. Y la profundidad de las mismas. Recuperar es la antítesis de lo que se abandona. El frescor es lo contrario de lo podrido, estancado, cerrado. Y el 15M es el corazón y el alma de Podemos. Monedero sabe, literalmente, «poner el dedo en la llaga», como ha reconocido Pablo Iglesias en la rueda de prensa de hoy en la que ha explicado que aceptaba la dimisión del que fuera cofundador de Podemos. Iglesias hablaba de su capacidad intelectual para aguijonear a los adversarios políticos y, también, de hacer autocrítica.

El candidato de Podemos de la Comunidad de Madrid, José Manuel López Rodrigo, ha dicho esta mañana que no cree que Podemos esté perdiendo el frescor del 15M, sino que éste se está transformando en propuestas. Es decir, que cuando lo etéreo se convierte en corpóreo, huele diferente. Y que la frescura y la fragancia se convierten en espesa atmósfera cuando las cosas, y las ideas, maduran. Ley de vida, que dirían los exegetas del realismo político.

En la competencia comercial (y electoral) el marketing sensorial adquiere una gran relevancia. Esta nueva disciplina, pretende que los usuarios y clientes puedan «vivir» experiencias personales cercanas a su imaginación en la relación con sus marcas y sus productos. También en la política. El color de las marcas políticas es clave, por ejemplo. También su olor. ¿A qué huelen nuestros partidos o candidatos? Se experimenta el mundo a través de los sentidos, y se comprende a través de esas percepciones. Así, la utilidad o función de los productos (o de las ofertas) es desplazada por su capacidad evocadora o transportadora.

El valor ya no reside tanto en lo que me sirve sino en lo que me hace soñar, lo que me hace sentir y lo que me hace vivir. De todos los sentidos, la vista y el olfato, juegan un papel decisivo en la percepción de la realidad y su decodificación cognitiva.  El olfato es el sentido encargado de procesar los olores, llegando a distinguir más de 10.000 aromas distintos. Es el sentido «invisible», responsable del 75 % de nuestras emociones cotidianas, que apela constantemente a nuestra memoria evocando fácilmente los recuerdos y asociándolo con momentos y sentimientos vividos, como lo son las intensas jornadas de lucha y fiesta del 15M, por ejemplo.

Monedero es hábil y certero. Con su alusión al olor (al frescor) sitúa la advertencia política en lo intangible, en lo emocional. Ahí radica la demoledora crítica y sus potenciales consecuencias. El control de las emociones es decisivo. Y mucho más para una organización que se nutre, fundamentalmente, del estado de ánimo de las personas y de su desesperanza indignada. En el libro El perfume de Patrick Süskind hay una cita impagable: «En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno… Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios…».

El gran peligro para Podemos es que el hedor político que denuncian no es posible combatirlo, seguramente, sin el frescor desinfectante de sus orígenes. Esa es la gran cuestión. Y la gran ecuación. ¿Podrán resolverla?

Enlaces de interés:
Una jerarquía casi universal de los cinco sentidos (Miguel Ángel Criado. El País, 24.01.2015)

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