Rendirse

«No me voy a rendir nunca» ha asegurado Mariano Rajoy. Es, creo, la declaración política más importante del Presidente en funciones desde el 20D. Es una afirmación muy relevante por la carga emocional y política que contiene. La frase es una reivindicación, una advertencia y una propuesta.

La reivindicación
. Mariano Rajoy tiende a simplificar la realidad. Su apelación constante al sentido común, o lo normal es una abdicación del pensamiento complejo, diverso y creativo. Rajoy no se rendirá nunca porque prefiere arrastrar a su partido a su suerte. Y cree que ganará. Está en modo competición. Siempre ha sido así, en su trayectoria política: resistir es vencer. Y rendirse es lo contrario de la resistencia. Se reivindica para autoafirmarse. ¿Podría hacer otras cosas?, sí. ¿Sabría?, no lo parece. ¿Quiere?, no.


La advertencia
. Es en clave interna y externa. Los movimientos por la sucesión van desde los herederos a los conspiradores. Desde los relevos a las alternativas. El PP ha entrado en ebullición. Pero es un partido que se parece a una olla exprés. Puede aguantar mucha presión, pero necesita una válvula de descompresión. Aunque Rajoy no está dispuesto a ser esa pieza. Ni a bailar, girando por el vapor ―al ritmo del silbido inconfundible―, sobre una tapadera hirviendo. Las ollas exprés funcionan bien cuando la tapa que se puede ajustar herméticamente y la presión se regula mediante una válvula. Pero empiezan los síntomas. Ni la válvula gira, ni la tapa está bien cerrada. Rajoy, con su afirmación, se reivindica y advierte. A riesgo de la explosión.

La propuesta. La profunda convicción que Rajoy tiene de su manera de entender la política es resiliente. Según la Real Academia Española, la resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Palabra de moda, desde el urbanismo a la psicología o la ecología, pasando por el mundo de los negocios. ¿Y en política?, también.

El «nunca me voy a rendir» es lo más personal que le recuerdo a Rajoy. Habla de él, en primera persona. Las próximas elecciones, si nada ni nadie lo impide, van a tener mucha testosterona por medio. Rajoy está construyendo su relato electoral, su storytelling particular, como un episodio militar, como una guerra pírrica que veremos si acaba en victoria: tan inútil como dolorosa. Veremos. Rajoy confía en la mística del cerco, del acorralamiento, de la empatía de su electorado con el acechado, despreciado o repudiado. Es su última interpretación, pero le revitalizará. No se sorprendan.

Resistir, no rendirse, tiene literatura y épica. A pesar de las derrotas. Y construye liderazgos a largo plazo. Lo sabe bien, por ejemplo, Hillary Clinton que, en 2008, y a pesar de varias derrotas en las primarias frente a Barack Obama le espetó: «Nunca me rendiré». Y hoy, ocho años después, acaricia la nominación demócrata. Pero Rajoy no tiene más oportunidades. Puedes perder, pero nunca rendirte, es la máxima que acarician la mayoría de los líderes políticos. Y la historia les premia, a veces. Aunque esa tozudez ―tan española, por cierto― se transforme en tragedia o coste excesivo. Rajoy, el empecinado, es muy español, como los Tercios de Flandes. No lo olviden sus contrincantes.

Publicado en: El País (20.3.2016)(blog ‘Micropolítica’)


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