Turquía y los golpes de Estado en 2016

Turquía y los golpes de Estado en 2016

Las redes sociales son una gran fuente de información pero, a su vez, también es común que surjan rumores infundados, o que proceden de bromas. El rumor sobre los golpes de Estado es una tradición. Ha habido alarmas por golpes de Estado, vía Twitter, en los últimos años: en Ecuador, Venezuela, Egipto, Argentina, Portugal, Moldavia o Brasil. Algunos tuits provienen de líderes, otros de bromistas.

Lamentablemente, el rumor que recorría Twitter el pasado viernes 15 de julio por la noche no era infundado. Ese día se sublevaba una parte del ejército turco para terminar con el Gobierno de Erdogan, principalmente en la capital Ankara y en la ciudad de Estambul, la más grande del país. Aunque los sublevados lograron inicialmente controlar lugares estratégicos, la situación evolucionó rápidamente en las horas siguientes tras un masivo rechazo, tanto de la ciudadanía, que salió a protestar en las principales ciudades, como de todos los partidos políticos (incluyendo los de la oposición) y la comunidad internacional. Tras varios enfrentamientos callejeros entre civiles y militares y el bombardeo de edificios gubernamentales, como la Asamblea Nacional y el Complejo Presidencial, el golpe fracasó.

Fue la gente la quTurquíae parece que, gracias a su masiva presencia en la calle, logró parar el golpe. Y fueron en esta ocasión Twitter junto con Facebook las que lograron que esa gente saliera a protestar. Esa fue una de las razones del fracaso de los militares. Por mucho que los golpistas se hicieron con el control de la televisión pública, la principal emisora del país, las cadenas privadas y, sobre todo, las redes sociales, brindaron al Gobierno y sus organizaciones un altavoz para movilizar a sus seguidores; y a éstos una herramienta para coordinarse y hacer llegar sus mensajes a toda la ciudadanía.

Otra razón fue que el golpe no se produjo dentro de la cadena de mando del ejército, hecho que dividió a las fuerzas menguando la capacidad operativa y disuasoria de los golpistas.

Y un tercer factor: que el Gobierno intuía los movimientos dentro del ejército y que es probable que los autores tuvieran que adelantarlo cuando aún no tenían todo preparado al temer que estaban siendo vigilados. «La razón principal por la que el golpe falló fue su nacimiento prematuro», escribió el exmilitar Metin Gurcan. El propio presidente Erdogan admitió que supieron que había una actividad sospechosa unas 10 horas antes del inicio del golpe. Este lapso de tiempo, que deja espacio suficiente para reaccionar, ha hecho pensar a los analistas que, de hecho, Erdogan ya había abandonado su lugar de vacaciones con antelación. Este hecho fue clave ya que permitió escapar al Presidente y los atacantes perdieron definitivamente la oportunidad de capturarle, paso casi ineludible para que un golpe militar se dé con éxito. A partir de este momento, los tres factores que hemos apuntado: división en las fuerzas de seguridad, activación de los medios sociales y movilización de la ciudadanía provocaron que el golpe definitivamente fracasara.

En cuanto se produjo el golpe, Erdogan hizo lo que solía hacer siempre: bloquear o al menos ralentizar Internet y las redes sociales. Sin embargo, se dio cuenta de que debía comunicarse para que haya movilización social. Es por ello que usó facepalm para hablar con una periodista de la CNN turca, en directo. El streaming sirveió para que pudiera verse que estaba bien y a salvo, y hacer llegar su petición de que la gente saliera a la calle. También envía SMS a toda la ciudadanía, algo sin precedentes y que permitia que todo el mundo supiera de la situación desde su teléfono móvil, desde la palma de su mano. Era la señal, también, de que las redes ya funcionaban correctamente.

A partir de ahí, Periscope y Facebook Live se convierten en el arma de la ciudadanía, que muestra sus concentraciones en calles y plazas. Ver las imágenes en directo y ver que las manifestaciones son seguras permiten que mucha más gente salga a protestar, presionando así a los militares, que, a su vez, ven cómo las protestas son masivas en redes.

Son estas redes las que permiten que se organice, salga, se muestre. Es el directo el que narra el golpe en directo, y el que crea percepciones. Lo que cambia el éxito de un golpe que controlaba los medios de comunicación tradicionales, por el fracaso del golpe que no controla Internet, ni los móviles de la gente.

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