Entrevista para Sintetia: “La política, en su conjunto, ha perdido la capacidad de liderazgo de lo público”

La política ha perdido la capacidad de liderazgo de lo público

Entrevista con Javier García (@JaviCIES) para Sintetia (@sintetia) que reproduzco a continuación.

Tras el monumental lío institucional y político en España; tras las dudas de cómo es posible que un Trump pueda llegar a la Casa Blanca; tras la necesidad de comprender un poco más por dónde va el futuro de la política, de nuestras ciudades o de nuestra sociedad…tras todo esto he decido llamar a nuestro experto de comunicación de cabecera, Antoni Gutiérrez-Rubí y reflexionar sobre estas cuestiones, al menos brevemente. Antoni es un ‘clásico’ en Sintetia, y siempre es un gran combustible intelectual. Es una referencia por su capacidad analítica y la forma en la que nos hace reflexionar sobre la realidad.

Antoni Gutiérrez-RubíAntoni, como experto en comunicación política, y sé que es difícil lo que te pido, ¿cómo resumiríamos a un extranjero lo que ha pasado en España en el último año?
Le diría que el año no ha acabado… aún. Y que, quizá, no lo hemos visto todo, todavía. La realidad está superando cualquier previsión o ficción. El realismo no es mágico en nuestro país. Es trágico. La política, en su conjunto, ha perdido la capacidad de liderazgo de lo público. Y, al mismo tiempo, hay una demanda insaciable, insatisfecha e impaciente de más y mejor política.

¿A qué se debe, a tu juicio, esta dificultad tan manifiesta de los partidos españoles para alcanzar acuerdos de largo alcance y de gran peso estratégico?
Creo que el principal problema es de cultura política. Pasar de las alternancias (del bipartidismo) a un sistema de alternativas (del multipartidismo) está redibujando las ecuaciones conocidas hasta la fecha. El sistema político español de representación está implosionando. Seguramente, también, porque nuestra crisis territorial es la evidencia más elocuente de que el modelo nacido, amparado y desarrollado por nuestra Constitución necesita un reset general. España va con el piloto automático, pero con la planimetría equivocada y los cálculos erróneos. Planeamos, simplemente.

¿Crees entonces que estamos abocados a unas elecciones más? ¿Esto tiene fin?
En el momento de contestar a esta entrevista, estamos asistiendo —con perplejidad— a la guerra fratricida en el PSOE. Lo que sucede en este partido, tan importante para la gobernabilidad y la cohesión social y territorial en España, no es simplemente una lucha cainita —y suicida— por el poder político. Lo que está sucediendo, creo, es un debate sobre cómo articular mayorías políticas en España, habiendo perdido la hegemonía y teniéndola que compartir. Es un debate sobre el papel del PSOE en el futuro, que se expresa, ahora, con una virulencia extraordinaria, enmascarado de luchas intestinas, recelos insuperables, fraternidades rotas, y desconfianzas personales.

Probablemente esto desemboque en unas terceras elecciones que nadie desea, pero que todos preparan; o en una «rectificación» política por parte del PSOE y una revisión de su negativa a favorecer, pasivamente, un Gobierno del PP. La extenuación política de nuestros partidos y líderes reflejará, aún más, sus límites y evidenciará la necesidad de un profundo cambio de prácticas políticas, si se desea reconectar con la ciudadanía.

¿Cómo crees que afecta esta foto política a nuestra visión, como ciudadanos, de la política y a nuestra proyección de marca fuera?
España está ausente de la política internacional: de los temas, de las citas, de las alianzas. La excepcionalidad de la situación española actual, junto al carácter en funciones del ejecutivo y el reiterado ensimismamiento y aislacionismo de Mariano Rajoy, nos tiene fuera de la agenda. Rajoy ha estado ausente en las últimas grandes citas internacionales, y sólo, recientemente, ha participado de la Cumbre del G20 en China, con un resultado más que discreto, en pleno escándalo del caso José Manuel Soria. Este caso ha dejado, sin duda, una pésima imagen de la Marca España.

España se mira al espejo y no se gusta, no se reconoce. El pesimismo sobre la política, las instituciones y el futuro es de los más altos de la OCDE. La relación entre confianza política y confianza en el futuro es clara, meridiana y vinculante.

Si tuvieras que escoger las 3 grandes tendencias que están transformando, en el mundo, la política, la democracia o las instituciones, ¿Cuáles dirías?
La primera, el big data. Necesitamos un nuevo data thinking. Pensar de nuevo los problemas, los retos y las soluciones con datos que nos ofrezcan nuevas visiones de la realidad, de sus relaciones causales, condicionales y secuenciales. Nuevas soluciones a partir de nuevas cartografías no territoriales, nuevas cartografías de grafo social, relacional y comunicacional. Nuevas cartografías que reflejen las realidades que no vemos, pero que determinan la vida de nuestra sociedad. Si somos capaces de visualizarlas, podremos abordarlas, entenderlas y gestionarlas.

La segunda, la empresa social. Ya no hay ningún tema de interés general o de bien público que podamos resolver sin dos grandes variables: el compromiso de las corporaciones y el compromiso de los ciudadanos. El tamaño (y el poder) de las corporaciones no deja de crecer. Su capacidad es tan extraordinaria que los Estados son cada vez menos capaces de regular el bien común desde lógicas nacionales.

Estamos reconfigurando una «nueva geografía», que no es geopolítica, sino geoeconómica: 10 empresas son más grandes que 180 países. Un estudio de la Fundación Global Justice Now toma como referencia a las 100 mayores entidades económicas del mundo. El ranking identifica a 69 grandes empresas en ese grupo. Y sigue creciendo. A lo que hay que añadir el extraordinario impacto de las corporaciones de la información y de la relación (Google, Facebook, etc.) O la política democrática es capaz de establecer alianzas pro bien común con las corporaciones o la regulación sobre las mismas va a ser insuficiente. Necesitamos su contribución fiscal, claro. Pero mucho más que eso, necesitamos su compromiso social en un mundo justo y sostenible.

Y la tercera, los Objetivos de Desarrollo Sostenible. No me cabe ninguna duda que nos jugamos el futuro si perdemos la Agenda 2030. La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en septiembre de 2015 la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan de «acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad». Dicha agenda plantea 17 objetivos con 169 metas que abarcan escenarios como el económico, el social y el ambiental. O esta agenda forma parte de los programas políticos de nuestros Gobiernos, y es impulsada, acompañada y defendida por la sociedad civil…, o el horizonte compartido no será posible.

Antoni, tú has estudiado mucho la situación política americana. Cuéntanos:
1.- ¿Cómo explicas todo lo que ha pasado con Trump? ¿Cómo encaja su estrategia de comunicación?
Esta semana se ha producido un hecho inaudito y excepcional. La prensa de Estados Unidos rechaza en masa a Donald Trump. USA Today es el último de una larga lista de diarios que han incumplido sus propias reglas en estas elecciones. El diario ha publicado un editorial en el que no da un respaldo oficial a Hillary Clinton, sino que rechaza de manera unánime a Donald Trump, al que consideran que «un peligroso demagogo».

Trump, por su parte, acusa a los medios, a Google y a los periodistas de estar en un complot contra él. Nunca antes como hasta ahora se había producido una ruptura tan profunda entre las élites y un candidato presidencial. El hombre que miente (sin rubor, sin pudor), que insulta (sin complejos) y que desprecia (sin respeto) puede ganar las elecciones. O al menos puede llegar con posibilidades hasta el final. Estamos en una situación límite e inédita: ¿puede un mentiroso compulsivo ser el próximo Comandante en Jefe del país más poderoso del mundo? Puede. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Responder a esta cuestión reclama una profunda reflexión sobre el liderazgo de las élites formadas, informadas y conformadas en nuestros países. Algo sucede cuando la mentira populista es la única opción para sectores perdedores, desarraigados u olvidados.

2.- ¿Qué papel siguen jugando las redes sociales y las metodologías de llegada a los ciudadanos que permitieron ganar a Obama?
Determinantes. Tres puntos: Primero, los algoritmos y la neutralidad. La orientación política de Facebook, por ejemplo, es clave en este proceso electoral norteamericano. Los algoritmos están recreando la realidad —de hecho, la están construyendo— en un mundo de redes de economía de la atención limitada. Y, al mismo tiempo, alimentando un bucle de contenidos que reverberan ideas conocidas, aceptadas y dóciles. Las grandes corporaciones de la atención alimentan la dependencia de sus usuarios con gran eficacia y sofisticación, ofreciéndoles sólo —y cada vez más con la dosis necesaria— la información y las relaciones que les gustan. Así, aumentan la fidelidad a costa del adocenamiento y el pensamiento acrítico.

Segundo, la movilización por fuera de los partidos. Lo hemos visto con la extraordinaria campaña de Bernie Sanders. Cuando las campañas cívicas son más importantes que las campañas dirigidas por los equipos y los candidatos.

Y tercero, la nueva demoscopia. Cuando Trump denuncia que Google le perjudica es que reconoce la extraordinaria importancia de la creación de opinión de los comportamientos digitales. Hillary Clinton fue más buscada que Trump en los 50 estados de Estados Unidos, mientras que el nombre del candidato era más buscado antes de que se celebrara el debate.

Últimamente, te he leído mucho sobre Smart Cities:
¿Cuánto de palabro de moda vacío y cuánto de realidad hay HOY en este concepto?
Las ciudades se han convertido en actores fundamentales en el escenario global. Ya en 1991, Saskia Sassen, en The Global City, señalaba que las ciudades globales son el espacio donde se localizan los procesos de globalización. Más población, más actividad, más recursos, más protagonismo, y, por supuesto, un reto enorme para gestionarlas y asegurar su viabilidad. Son los principales motores económicos; también, los espacios donde nace y se comparte el activismo social y, en muchos casos, los laboratorios para nuevas fórmulas políticas.

Las ciudades del futuro serán inclusivas, sostenibles y resilientes o no serán. Ante esto los Gobiernos han apostado por actualizarse y adaptarse al nuevo entorno tecnológico, o lo que es lo mismo, han dado los primeros pasos para desarrollar las smart cities, al tiempo que descubrían que lo que realmente se necesita son smart citizens. Las ciudades inteligentes constituyen un paso necesario, pero no suficiente, pues su implementación no ha venido acompañada de un cambio en el rol de la ciudadanía en la toma de decisiones. Son reformas pensadas con la lógica de arriba abajo, exclusivamente tecnológicas, que entienden el espacio urbano como un entorno formado por usuarios, autómatas, que debe ser controlado. En definitiva, estrategias que han imaginado ciudades demasiado inteligentes y poco humanas.

¿Cuál crees que puede ser un buen ejemplo de por dónde pivotará esta inteligencia en las ciudades?
La batalla más importante girará alrededor de la sociabilidad digital, no sobre la eficacia tecnológica. Es cierto que con mayor eficacia tecnológica podemos gestionar mejor las infraestructuras, por ejemplo, o los flujos (sean de tráfico o consumo de energético, por citar dos casos). El debate central será sobre la defensa y ampliación de lo público. En tres áreas: el espacio público, el interés público y los datos públicos.

Los retos para tener ciudades que, más que inteligentes, sean más habitables y justas pasan por la reformulación y protección del interés general. Las ciudades contienen, en sí mismas, los grandes retos de la humanidad. Si acertamos en la gobernanza urbana, habremos dado un paso enorme en la sostenibilidad global.

En este escenario, la sociabilidad digital (es decir la tecnología al servicio de la ciudadanía y de la construcción de relaciones sociales) jugará un papel decisivo en la emancipación ciudadana y en la emergencia de un ciudadano más protagonista de su entorno: más consciente, más responsable, más determinante.

Preguntas rápidas: 

a.- ¿Qué político español usa mejor las redes sociales, a tu juicio?
En activo, me gustan mucho Alberto Garzón y Miquel Iceta, por motivos diferentes. El primero por comprender muy bien el lenguaje y la interacción. El segundo por su capacidad documental.

b.- ¿Cuál es el mayor problema de comunicación que has visto en los últimos meses?
La campaña del Brexit, sin lugar a dudas.

c.- ¿Qué impacto tiene la comunicación en un país donde prácticamente todos los días hay informaciones sobre corrupción? ¿La sobre-información sobre estos temas nos ha vacunado y los vemos como ‘normales’?
No, al contrario: está degradando y desangrando, cada día más, la percepción y la confianza políticas. Otra cosa es cómo se traslada esto en términos electorales o cómo se digiere en función de los líderes, los partidos o los electorados. Pero no, no nos da igual. Nos está destrozando.

d.- Los casos ‘Soria’ son… (termina la frase)
…una metáfora de la política española.

Publicado en: Sintetia (3.10.2016)

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