Más que una foto, menos que un pacto

La reunión del Pacto Nacional del Referéndum es de una cuidada escenografía. Las formas son fondo. El poder se escenifica, siempre. Los elementos claves de esta litúrgica política son:

1. El lugar. La cita es en el Parlament. Un lugar más incluyente que el Palau de la Generalitat. La apropiación del espacio por sus promotores abre varias interpretaciones sobre los límites de estas decisiones desde una estricta imparcialidad política. Pero ofrece una imagen sólida de diálogo, de vocación unitaria y de proyección nacional.

2. La figura. La reunión se celebra por la tarde con el objetivo de conseguir la participación personal de Ada Colau. Es un reconocimiento, una necesidad, un aval y, a la vez, una gran responsabilidad para su liderazgo político y nacional. Xavier Domènech, líder emergente de la nueva formación que promueve la alcaldesa, ha decidido —por cálculo o prudencia— no ir.
3. Los protagonistas. El President Carles Puigdemont comparte su visibilidad con una amplia diversidad de líderes sociales, económicos y políticos, buscando ampliar su legitimidad parlamentaria. Un mensaje de responsabilidades compartidas, frente a las imputaciones y juicios anunciados. Un liderazgo coral. La comisión civil de 10 personalidades que guiarán el nuevo proceso es un gesto de descentralización política y conecta con el caudal de las recientes grandes movilizaciones.

4. Las señales. La mañana fue contundente. Los tres ediles de la CUP en Barcelona rompieron fotos del Rey en el pleno del Ayuntamiento. Y el Tribunal de Justicia de Cataluña anunciaba que juzgaría Artur Mas el 6 de febrero por la consulta del 9-N. Ambas señales reflejan con toda su claridad los límites de este Pacto Nacional. Si es pactado y acordado, no será nunca un referéndum de soberanía. Y si lo es, no será ni pactado ni acordado con el Estado. Mientras, el Tribunal Constitucional anuló (para dar amparo a los partidos que las recurrieron) el acuerdo para tramitar las leyes de desconexión aprobadas por el Parlament de Catalunya. En Barcelona, fotos. En Madrid, resoluciones.

5. El acuerdo. El Pacto pone el acento en la casilla de salida, no en la de llegada. Se acuerda la petición (el referéndum pactado «hasta el último momento»), pero no se definen las decisiones a tomar en caso contrario, ya que hay tantas posiciones como posibilidades. La virtud de esta foto es que es posible sin acuerdos definitivos. Un mensaje potente, aunque difuso y, quizá, equívoco. Pero es una iniciativa política que pretende romper con la idea de unilateralidad. ¿Algo se mueve?

Publicado en El PaísEl País Catalunya

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