Burbujas informativas

Reforma

En el mundo actual, la desafección política es algo habitual y, pese a que el interés por la política aumenta, también lo hace el desapego hacia los partidos y las instituciones. Esa es la mala noticia. La buena es que la desafección no es por la democracia en sí, sino por las instituciones y por los políticos que forman parte de ellas. Hay un alto grado de apoyo democrático y no se duda de su legitimidad, pero sí de la práctica política. Las razones son diversas, pero la crisis, la corrupción y el modo como esta ha afectado a los ciudadanos son una fuente segura de desafectos, entre los que ya no confían ni en líderes ni en partidos políticos, por su actitud en las instituciones.

En este sentido, muchas personas pueden verse tentadas de no querer saber nada de política o de determinados políticos. Y hay filtros que permiten lograrlo en Internet, mientras se navega. Son usados especialmente en Facebook, y destacan tres de ellos:

1. Remove All Politics from Facebook, permite activarlo y desactivarlo de manera fácil y cómoda desde el navegador Chrome.
2. Social Fixer permite el uso de palabras clave para el filtrado; por ejemplo, escribiendo el nombre de aquellos políticos de los que no se quiera saber nada.
3. News Feed Eradicator for Facebook promete filtrar también los memes tan usados en política.

En una época caracterizada por el individualismo, la despolitización, el desgaste de la política, el desprestigio de los partidos (englobado todo ello en un sentimiento de desafección y espíritu crítico), son los propios ciudadanos los que se dan cuenta de que pueden actuar políticamente por sí mismos gracias, sobre todo, al poder de la comunicación intensiva e inmediata de la red. Las nuevas tecnologías nos permiten organizarnos, cambiar las cosas, mejorarlas con la creación de comunidades y con la difusión continua de información. Pero, también, nos permiten ignorar lo que no queremos escuchar, ni ver, ni leer, incluyendo cualquier información o noticia sobre un político.

Esta realidad muestra cómo avanza la tecnología, aunque es, a su vez, un terrible fracaso de la política y un indicador de que algo va mal, si la polarización hace que no se quiera saber nada de alguien porque opine diferente a nosotros, que se prefiera seguir viviendo (en la Red) en una burbuja de informaciones que nos gustan y que están de acuerdo con lo que pensamos, que se opine que el adversario es un enemigo, y no un rival.

La estrategia de bloquear informaciones que no nos gustan no funciona, a menos que queramos acrecentar el efecto de las burbujas de información en nuestras redes sociales, e incluso intensificar las potenciales estrategias de posverdad de algunos candidatos o grupos de opinión hacia nosotros mismos. El riesgo, y la amenaza, de vivir atrapados por un algoritmo es real. El placebo digital que generan las burbujas informativas es tan sedante como artificial. Y peligroso. Alimenta nuestros prejuicios, ofreciendo contenidos que han sido identificados como convenientes —por complacientes y dóciles—  para nuestras convicciones. Secuestrada nuestra capacidad de elección consciente, nos sumimos en un entorno de autoafirmación, cada vez más excluyente y reverberante. El eco se apodera de la conversación. Y lo que escuchamos no son otras voces —otros argumentos, otros datos, otras ideas— sino nuestra propia voz. Y eso no es una buena noticia. Las herramientas existen, no las usemos. Lo mejor para estar informado es una dieta digital plena: equilibrada, variada, abierta.

Publicado en: Reforma.com (México)(40_Tendencias Globales. 21.05.2017)

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