Escaño 351: ¿quiere ser diputad@?

Publicado en: El País (8.06.2012) (blog ‘Micropolítica‘)

El último barómetro de opinión pública del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) resulta demoledor con la política, sus representantes e instituciones. La fosa se hace más profunda. La crisis desgarra nuestra economía y nuestra confianza democrática. La serie de indicadores económicos y políticos que publica el CIS desde 1996 obtiene su pico más negativo en este momento.

El tsunami contra la política representativa es devastador. Nuestra democracia formal muestra signos de agotamiento y colapso institucional. Acumulamos errores y decepciones. La tensión es máxima. Las placas tectónicas entre representantes y representados están chocando. La vigilancia sustituye a la confianza. Hasta los cocineros tienen más credibilidad para dirigir lo público que nuestros electos. Los parlamentos, entonces, se convierten en el epicentro de la tempestad de legitimidades y reputaciones cuestionadas, pero también muestran signos -tímidos- de respuesta que exploran reformas e iniciativas para reconectar con la pulsión social de la ciudadanía.

El pasado 4 de junio, el PSOE realizó una proposición de ley para renovar la Comisión de Peticiones del Congreso. Con esta propuesta, pretende habilitar un mecanismo que permita a los particulares defender personalmente sus demandas en sede parlamentaria. La denomina el “escaño 351″. Esta propuesta, que ya se incluía en el programa electoral de Alfredo Pérez Rubalcaba para las elecciones del 20N, quiere dar voz directa a los ciudadanos y ciudadanas (y también a asociaciones y entidades) en la vida política, ya que en la actualidad sólo está previsto que intervengan en el Congreso, además de los diputados y diputadas, los parlamentarios autonómicos para defender iniciativas que procedan de las Cámaras de las Comunidades. Nadie más puede intervenir ante el Pleno.No es la única medida similar. En junio de 2011, José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, propuso la creación del denominado “escaño 110” en el Parlamento de Andalucía. Esta iniciativa provenía de una amplia batería de medidas de transparencia y calidad democrática, a raíz de las exigencias planteadas por los indignados del 15M. Griñán fue reelegido como presidente de Andalucía y, aunque no dijo nada del tema durante su investidura, el presidente del Parlamento, Manuel Gracia, sí afirmó que se llevaría a cabo, junto a otras medidas de transparencia.

Tras casi 30 años desde su implantación en España, la norma que rige la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) sólo ha hecho posible que una Ley (en 1999) haya llegado hasta el final. El formato y su mecanismo, a pesar de sus evidentes virtudes, no está fluyendo ni canalizando suficientemente las energías cívicas y democráticas de nuestra sociedad. Se impone un reforma urgente.

La iniciativa, acogiéndose al derecho de participar en los asuntos públicos recogido en el artículo 23 de la Constitución, explora otras vías que van más allá de la  opción de las ILP, y ahí radica su importancia. Reformar el reglamento de la Comisión de Peticiones del Congreso (en el marco de una reforma más amplia o puntual) sería abrir una compuerta a un diálogo franco y exigente entre la política formal y la emergente. Es urgente y necesario.

Estas estrategias para acercar la política a la ciudadanía permiten una apertura de nuestras instituciones a lo que piensa la ciudadanía. Posibilitan una mayor participación, más permeabilidad de la política a la sensibilidad ciudadana, más capacidad de escucha y de prestigiar la política. En definitiva, un pequeño paso para una regeneración democrática inaplazable.

Sófocles decía: “Cuando las horas decisivas han pasado, es inútil correr para alcanzarlas”. Estamos en un momento decisivo. Espero, esperamos, que la política democrática comprenda el tempo de la sociedad. Las urgencias se agolpan. La agenda reformadora, que va desde la Ley de Transparencia a  iniciativas como ‘escaño 351′, debería tener prioridad máxima y amplios consensos. No saldremos de esta crisis sin más y mejor democracia a todos los niveles: del local al europeo. Para los bancos quizás sirve un rescate blando. Pero para rescatar nuestra política necesitamos algo mucho más fuerte que el dinero. Necesitamos más democracia. No hay tiempo que perder.

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