La desinhibición

Hace casi 20 años, John Suler, profesor de psicología en la Universidad Rider y experto en comportamiento humano en los entornos digitales, escribió un poderoso artículo: The online disinhibition effect (El efecto de desinhibición en línea). Un concepto que puede ayudarnos a entender el crecimiento de la polarización en nuestra sociedad.

Suler afirma que algunas personas, cuando están conectadas en línea, modifican sus conductas actuando con más frecuencia o intensidad de lo que harían en persona. También modifican su registro de valores y sus auto contenciones, propias de la educación o las normas socialmente establecidas. Hay seis factores que definen especialmente este comportamiento: el anonimato disociativo, la invisibilidad, la asincronicidad, la introyección solipsista (interpretar los mensajes bajo las propias esperanzas o miedos), la imaginación disociativa y la minimización de la autoridad.

La conversación digital permite unos niveles de desinhibición que acaban por proyectar más que el yo verdadero, un yo distinto, alternativo; una máscara. Una personalidad capaz de ir más allá de lo permitido, tolerado o aceptado. Un yo en busca de una mayor identidad; más fuerte, más poderosa, a través de una radicalidad o audacia amparadas en el anonimato o en el juego de roles múltiples y personalidades alternativas que las diferentes redes permiten.

En palabras del libro ¿La rebeldía se volvió de derecha? de Pablo Stefanoni, «este concepto viene a explicar la mayor propensión a romper las «normas sociales» cuando un individuo se encuentra en un entorno online, más que en uno offline, debido a que algunos «disocian» la realidad física de la virtual. Así, «esta lógica de la impunidad ante la reprobación social ha sido un elemento muy importante en el proceso de radicalización­­».

Paradójicamente, la cultura digital —a pesar de su naturaleza global—, también ha agudizado nuestra asignación a tribus (para la sociología), targets (para la política), segmentos y perfiles (para el marketing) que nos encasillan y cosifican con una enorme facilidad. La eficacia de los algoritmos para suministrarnos entornos de placebo emocional y burbujas de autorreferencia provoca la gran contradicción: nuestro mundo se hace cada vez más pequeño —aislado, fragmentado, agrietado— mientras aumenta la conectividad global sin límite y la constatación inequívoca de que el futuro de la humanidad será global o no será.

El presidente francés Emmanuel Macron ha alertado recientemente que «la lógica interseccional lo fractura todo» porque «devuelve a cada uno a su propia identidad. Estoy en el lado universalista. No me reconozco en una lucha que remite a cada uno a su identidad o a su particularismo», sostiene en una entrevista a la revista Elle.

La desinhibición de la que habla Suler es un falso espejismo de libertad e identidad. Es un onanismo intelectual que nos hace soñar lo que no somos, proyectándonos en un yo superlativo o tribal incapaz de pensamiento lateral, relacional y causal.

Publicado en: La Vanguardia (18.08.2021)
Foto: Rodion Kutsaev en Unsplash

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Larga vida al hombre masa (Raquel Nogueira. Ethic, 19.04.2021)

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Comentarios sobre: La desinhibición

  1. Ya se que tienes toda la razón, yo trato de controlarme mucho, aunque a veces lees cosas que te incitan al terrible pecado de la “respuesta anónima virtual”. Seguiré trabajándome el “acto de contricción” y el “propósito de la enmienda”, pero no te prometo nada….

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