La moda política de 2016

1. El flequillo de Puigdemont
2. Las mochilas en el Congreso
3. El chaleco salvavidas, símbolo de los refugiados
4. Los vestidos de las primeras damas
5. El velo islámico de los hombres iraníes
6. Las mujeres de negro en Polonia
7. El sombrero mexicano del Papa Francisco
8. El traje de buzo de la ministra Noruega
9. El traje rojo de Hillary Clinton
10. El ‘eco vestido’ de la princesa Victoria de Suecia


1. El flequillo de Puigdemont
El año comenzó con la sorpresa del «paso al lado» de Artur Mas y el nombramiento de Carles Puigdemont como 130è President de la Generalitat de Catalunya, justo en el límite para evitar unas nuevas elecciones en Cataluña. Lo que parecía un alto coste a pagar por el acuerdo parlamentario entre Junts pel Sí y la CUP ha acabado siendo una baza para el actual PDCat, si tenemos en cuenta los datos de una reciente encuesta en la que el actual presidente obtiene una valoración mayor que la que obtenía Mas y en cambio su partido queda como quinta fuerza.

Desde el primer momento, Puigdemont, acostumbrado a la política municipal más cercana a los ciudadanos, ha destacado por un estilo desenfadado, más espontáneo y menos rígido, y a esta imagen ha contribuido también su flequillo largo y algo desgreñado. Su estilo más informal y desenfadado se vio desde el primer momento en el debate de investidura cuando ironizó sobre el parecido de su corte con el de Anna Gabriel de la CUP, lo que provocó incluso que se llegará a denominar el «Pacte del Serrell» (pacto del flequillo) al acuerdo con esta formación. Pese a las críticas, los memes y los consejos de su estilista, el President se ha mantenido fiel a su estilo y a su flequillo.


2. Las mochilas en el Congreso
Este accesorio de origen militar, que solía asociarse a la época escolar o a la práctica deportiva, se ha puesto de moda. Es una pieza trendy pero no sólo en las pasarelas sino también en el Congreso de los Diputados donde se ha convertido en un icono para algunos políticos. La solían usar dirigentes como Jorge Moragas (PP), Alberto Garzón (IU) o Gustavo Matos (PSOE), uno de los políticos canarios que la ha popularizado; también se ha visto, ocasionalmente, a Pedro Sánchez (PSOE) y a Albert Rivera (Ciudadanos), utilizándola.

Algunos políticos afirman que prefieren esta pieza, por comodidad, pero con la llegada de nuevas formaciones este complemento ha adquirido un valor simbólico al servicio de una forma de comunicación política que no depende en exclusiva de la palabra. Para alejarse de la «casta», mejor sustituir las tradicionales carteras o maletines, por la mochila. Fue el líder de Podemos, Pablo Iglesias, quien se refirió a ella dándole un significado político cuando al recoger su acta de diputado bromeó aludiendo a que «dentro de cuatro años lo que vamos a dar serán mochilas en vez de carteras» tras posar con el maletín que las Cortes entregan a todos los parlamentarios.



3. El chaleco salvavidas, símbolo de los refugiados
La crisis de los refugiados ha sido uno de los temas más candentes en 2016. Coincidiendo con la visita del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, a Grecia, el primer ministro, Alexis Tsipras, le regaló un chaleco salvavidas como símbolo de las peligrosas travesías que siguen los migrantes para llegar a Europa. Ban Ki-moon agradeció «este importante regalo» y se lo colocó durante unos segundos en señal de apoyo a los miles de desplazados que cruzan el Mediterráneo para llegar a las costas europeas huyendo de la pobreza o las guerras.

El chaleco también fue protagonista en el Parlament de Catalunya, donde la diputada de la CUP, Gabriela Serra, lo utilizó para reivindicar los derechos de los desplazados sirios y como señal de protesta  ante la inacción del Gobierno frente a la crisis de refugiados. También fue utilizado por varias organizaciones humanitarias que desplegaron un «cementerio de chalecos salvavidas» ante el Parlamento británico, en una acción de protesta que intentaba llamar la atención de los líderes mundiales en el marco de la Cumbre sobre Refugiados y Migrantes de Naciones Unidas.

4. Los vestidos de las primeras damas

A principios de año, se hizo popular el vestido amarillo y entallado que Michelle Obama lució mientras su marido pronunciaba su último discurso sobre el Estado de la Unión. Cómo había ocurrido en otras ocasiones, el traje causó sensación y sus existencias se agotaron en las tiendas online pese a tener un precio de 1.800 euros.

Meses después, en la Convención Republicana de julio, y como una premonición del paso de testigo, fue el vestido blanco que lució Melania Trump, esposa del entonces candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, el que se agotó en las tiendas en menos de 24 horas. Y es que, pese a las sospechas de que Melania plagió parte de un discurso de Michelle, sus seguidores intuyeron que podía convertirse en la futura primera dama de los Estados Unidos.


5. El velo islámico de los hombres iraníes
El velo islámico fue el protagonista de una campaña que se hizo viral en las redes, pero en esta ocasión fueron los hombres los que lucían esta prenda como señal de protesta contra la norma que obliga a las mujeres iraníes a cubrirse el cabello, los antebrazos y las piernas para salir de casa (Ley impuesta en 1979, cuando se produjo la Revolución Islámica). La campaña fue promovida por la periodista y activista iraní Masih Alinejad, residente en Nueva York, que animó a los hombres a alzar su voz y solidarizarse con las mujeres a través de la publicación de fotografías luciendo un hiyab o un chador para conseguir mayor visibilidad gracias a lo inusual de las instantáneas. La iniciativa fue un éxito y se hizo viral en Facebook y Twitter con la etiqueta #MenInHijab.


6. Las mujeres de negro en Polonia
El 3 de octubre fue bautizado como el «Lunes Negro» en Polonia. Así lo denominaron las diversas organizaciones feministas que convocaron una multitudinaria huelga pidiendo a todas las mujeres que se ausentasen del trabajo para sumarse a la protesta contra el proyecto de ley tramitada que prevé la prohibición total del aborto y la imposición de penas de cárceles a quienes lo practiquen.

Miles de mujeres en las principales ciudades del país salieron a la calle vestidas de negro como símbolo del duelo por la pérdida del derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Se sucedieron también los mensajes contra Ley y Justicia, la fuerza nacionalista ultraconservadora gobernante. En cerca de 60 ciudades europeas miles de personas también se unieron a las protestas del «Lunes Negro» con ropa negra para mostrar su solidaridad con las mujeres en huelga en Polonia.


7. El sombrero mexicano del Papa Francisco
El Papa Francisco es una gran conocedor del valor simbólico  de la vestimenta para la comunicación. Desde el mismo momento de su elección en 2013, el nuevo Pontífice quiso marcar un giro en la institución que representa y, para mostrarse como alguien sencillo, austero y humilde, más cercano a la pobreza evangélica y alejado de la liturgia más tradicional de su antecesor, no dudó en usar o renunciar a utilizar determinadas prendas como gesto que contribuía a construir una imagen de humanización y mayor proximidad. Siguiendo esta estrategia, en el vuelo que le llevó este año a su visita a México, el Papa no dudó en ponerse un tradicional sombrero de charro mientras departía distendidamente con los periodistas, para comenzar de manera optimista y con «humor» lo que auguró sería una visita «muy dura» ante la apretada agenda prevista.

El sombrero que contenía bordados de su imagen, de la Virgen de Guadalupe y del mapa de América Latina, fue regalo de una familia de artesanos mexicana y supuso una oportunidad de conectar con los fieles mexicanos desde antes de su llegada al país.

8. El traje de buzo de la ministra Noruega
La ministra noruega de Inmigración e Integración, Sylvi Listhaug, se convirtió en protagonista cuando quiso nadar en el mar junto a la costa de Lesbos, con la voluntad de ver las cosas desde la perspectiva de los inmigrantes. La Ministra se lanzó al agua equipada con un traje de buzo de doble revestimiento que la cubría de cabeza a pies, se dejó llevar unos metros y regresó a la lancha salvavidas diciendo: «ha sido una experiencia muy especial». Las críticas no se hicieron esperar y la irritación fue mayor al tratarse de una miembro del Partido Progreso, una formación antiinmigración conocida por su postura de endurecimiento de los requisitos para las reunificaciones familiares o para obtener la residencia en Noruega.

La Ministra entendió mal la empatía y, queriendo sentir lo que sufren miles de refugiados que arriesgan sus vidas cruzando el mar en condiciones extremas con el objetivo de llegar a Europahizo el ridículo. La empatía es fundamental pero en política va mucho más allá de intentar ponerse en el lugar del otro; se refiere a la capacidad de canalizar esa aproximación en forma de decisión política, de luchar desde la responsabilidad para ofrecer soluciones a la catástrofe humanitaria que vive Europa.

9. El traje rojo de Hillary Clinton
En su lucha por la Casa Blanca, el uso del vestuario por parte de Hillary Clinton ha sido una pieza fundamental de su comunicación, consciente de que el lenguaje estético y la indumentaria dice tanto o más que el lenguaje verbal. Para el primer debate ante su rival republicano, Donald Trump, la senadora dejó guardados los trajes azules y blancos de otras ocasiones y optó por un traje recto y liso en un intenso color rojo. La decisión sorprendió a todos, al tratarse de un color contrario a su partido (paradójicamente, Trump vistió corbata azul, el color demócrata), y fue toda una declaración de intenciones.

La candidata apostó por el rojo que simboliza el éxito, la valentía y una actitud optimista; un color que otras mujeres han utilizado también como símbolo de su fuerza y confianza en ellas mismas. Rojo, poder. Parece que esa era la finalidad de la demócrata, marcar una imagen de autoridad. Y lo remató con una frase emblemática: «Me he estado preparando para ser presidenta». Finalmente no fue suficiente para llegar a la Casa Blanca.

10. El ‘eco vestido’ de la princesa Victoria de Suecia
Este año, con motivo de la gala de los Premios Nobel, la princesa Victoria de Suecia encargó su vestido a la firma sueca low cost, H&M, en lugar de acudir a un exclusivo atelier. La heredera les exigió que la prenda debía ser ecosostenible. La firma confeccionó un modelo exclusivo fabricado a través de lyocell (un material sostenible hecho a través de textiles antiguos y fibras de árboles) y una mezcla de seda, tul y poliéster, material para el que se reciclaron envases y botellas de plástico. El diseño ecológico, responsable y low cost es uno de los principales atributos de la marca sueca. A fijar esa imagen han contribuido, sin duda, firmas como Ikea o H&M. Pero en el posicionamiento de una ‘marca país’, políticos y personalidades públicas tienen también un papel fundamental. Quien parece tener muy claro su papel y responsabilidad en ello es Victoria de Suecia quien, en el marco de un acontecimiento de repercusión internacional como los Nobel, se convirtió en la mejor embajadora de su marca país.

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