Twitch y la política

Alessandro Baricco lo explica muy bien en su libro The game«Hay una secuencia de juegos que más que otra cosa en el mundo os puede hacer sentir, más aún que entender, la esencia de la revolución digital. La secuencia es esta: futbolín, millón, Space Invaders . Sentiréis que, a cada paso, algo se deshace, todo se vuelve más abstracto, ligero, líquido, artificial, rápido, sintético. Una mutación. Muy parecida a la que nos has llevado de lo analógico a lo digital».

Público Joven. Ahora, cuarenta años después de que Toshihiro Nishikado diseñara el videojuego Space Invaders (nuestros marcianitos), y tras los fulgurantes éxitos de Snapchat y, especialmente, TikTok, llega la nueva mutación, que se llama Twitch. La plataforma permite la visualización de partidas de videojuegos en directo, muchas de ellas entre grandes influencers, y es el nuevo boom digital entre los más jóvenes. De jugar a ver jugar.

«Voy a ver un directo». Estas palabras se han convertido en algo común, especialmente entre adolescentes, durante el confinamiento de la primera mitad del 2020. Un dato: durante la pandemia, los usuarios y usuarias de Twitch han visualizado dos mil millones de horas de retransmisión de videojuegos.

Potencial político. Es un público joven, muy joven, pero que tiene en esta plataforma un lugar de encuentro que se comporta como la versión digital del no lugar de Marc Augé (un espacio intercambiable donde el ser humano permanece anónimo).

Estos espacios son zonas de concentración, atención e intensidad. Muchas personas, durante mucho tiempo, atrapadas en una sola acción. Eso es algo muy goloso para una campaña electoral, por ejemplo, porque llegar al público joven tiene un potencial político enorme y siempre es complicadísimo conectar con él. ¿Cómo se puede conseguir acceder a ellos y ellas desde la política? Pues participando. Jugando, si es necesario.

Nuevas audiencias. Llegar a nuevas audiencias es esencial en comunicación política, y ser de los primeros en colonizar un canal supone una ventaja competitiva. Ir a buscarlos a su lugar de encuentro on line es, al menos, lo que entendió Emmanuel Macron, ya en marzo del 2019, cuando llevó a Twitch uno de sus Grandes Debates, los encuentros por todo el país para hablar del futuro de Francia, y que creó en respuesta a la crisis de los chalecos amarillos. La idea de hacerlos en Twitch surgió al observar que los jóvenes casi no participaban en los debates. No iban, simplemente.

‘Influencers’. La última política en sumarse a Twitch ha sido Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), la congresista más joven de Estados Unidos y una de las voces más importantes de la política actual. Ocasio, que ya se hizo viral al jugar a Animal Crossing en mayo, yendo a visitar islas de gente que la invitaba vía Twitter, volvió a generar viralidad entre jóvenes al publicar también en Twitter que se había creado una cuenta en Twitch y que quería jugar con alguien al juego de moda, Among Us .

Inmediatamente recibió miles de peticiones, pero dos de ellas eran de dos influencers en esa red, con seis y medio millón de seguidores, respectivamente. Estuvo jugando con ambos, y con mucha más gente —y hablando de la importancia de ir a votar—, durante tres horas y media, en directo, en las que cualquiera podía —y puede aún— ver su directo o stream. Lo hicieron cinco millones de personas.

Nuevos espacios. Twitch se está usando también para dar mítines en directo, como hizo el Partido Republicano estadounidense durante su convención, o como hizo el equipo de Donald Trump hasta junio del 2020, cuando la plataforma suspendió la cuenta del presidente por fomentar el odio, al hacer un comentario racista en un mitin en Tulsa.

La política no es un juego, pero los juegos son los nuevos espacios para la comunicación política. La mutación es de fondo: de la política lúcida a la política lúdica. De la política a la pospolítica. Sin complejos.

Publicado en: La Vanguardia (29.10.2020). RESET (10)

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