El hiperliderazgo frente a la pandemia

ANTONI GUTIÉRREZ-RUBÍ | POL MORILLAS

La pandemia de la covid ha puesto a los hiperlíderes mundiales frente al espejo. Una situación de emergencia tiende a fortalecer los liderazgos y personalismos, sometiendo las costuras del estado de derecho a una presión añadida. En el caso de la Covid-19, y con la necesidad de limitar derechos y libertades para frenar su expansión, no fueron pocos los líderes que la aprovecharon para reforzar su poder o debilitar a la oposición.

Viktor Orbán, en Hungría, aprobó una ley para perpetuar el estado de alarma y que le permitía gobernar por decreto y encarcelar a aquellos que difundiesen desinformación (a ojos del gobierno). En Israel, Benjamin Netanyahu paralizó procesos judiciales en su contra e inició programas de vigilancia ciudadana vía teléfonos móviles con el pretexto de controlar el coronavirus. Sebastián Piñera, en Chile, aprovechó el estallido de la pandemia para justificar la presencia del ejército en las calles, presente desde las protestas de los anteriores meses.

No obstante, la pandemia ha revalorizado la acción política y la gestión de lo público, más allá del liderazgo político. La necesidad de gobernar lo complejo coexiste con otros recursos de liderazgo prepandémicos, como las emociones o las políticas de identidad. De poco sirvió a Trump su retórica populista (evocando el «virus chino» o acusando a la Organización Mundial de la Salud de connivencia con este país) frente a los centenares de miles de muertos en Estados Unidos o a las consecuencias sociales de la pandemia. El fácil recurso a la polarización ha palidecido frente a la necesidad de unas políticas públicas complejas y robustas. Y se ha fortalecido el liderazgo que pone la preservación de la salud y de los servicios sociales en el centro de la acción política.

El hiperliderazgo, a diferencia de populismos y autoritarismos, remite a un uso personalista y carismático del poder político, pero no cuestiona la democracia ni pretende alterarla en sus ejes de legitimidad. Sin embargo, los hiperlíderes proliferan en contextos de urgencia o de crisis estructural, precisamente cuando las disfuncionalidades operativas de los sistemas democráticos suponen un freno a la rapidez con la que se deben tomar las decisiones. Se presentan como superhéroes democráticos quienes, al sentir la presión a la que está sometido el sistema, adoptan métodos y maneras populistas, aunque sin sobrepasar los límites democráticos.

El hiperlíder vive también de la comunicación constante y directa con los votantes, enfatizando las bondades de la gestión personalista. Sin grandes mítines, grandes escenarios, sobreactuaciones en las instituciones y cámaras de representación o encuentros en persona con sus seguidores, ¿cómo han respondido los hiperlíderes a la pandemia?

En el Reino Unido, la valoración de Boris Johnson ha ido especialmente unida a su acción política y a la gestión del coronavirus. Antes de que la OMS declarara la covid como pandemia, el 48% de los británicos aprobaban su gestión, frente a los 38% que no. Su popularidad se disparó en abril de 2020 (66%) coincidiendo con su ingreso hospitalario, pero se derrumbó con el aumento de positivos y fallecidos y la confusión en las normas establecidas (en octubre de 2020 Johnson recibía un 34% de aprobación, frente al 59% de suspenso).

A partir de diciembre, coincidiendo con el acuerdo de relación futura con la UE, Boris Johnson vio recompensada su gestión, con una valoración positiva de su estrategia frente al coronavirus, la conclusión de las negociaciones del Brexit y una actitud más comedida tras superar la enfermedad, reflejada en un cambio de estrategia de comunicación política basada en la asunción de su propia responsabilidad. La campaña de vacunación ha permitido a los tories volverse a poner por delante en las encuestas.

En Estados Unidos, una pésima gestión de la pandemia costó a Donald Trump la reelección en las presidenciales de noviembre. Hacía 28 años que un presidente en ejercicio, que normalmente parte con ventaja en las elecciones presidenciales, no era reelegido para un segundo mandato. Antes de la covid, Trump gozaba de un 50% de apoyo, más o menos el mismo que Obama antes de su reelección. El desempleo, que en febrero se encontraba en el 3,5%, escaló hasta el 14,8% en abril. Cuando la economía era el asunto más importante para los estadounidenses, Trump se encontraba relativamente cómodo en las encuestas, pero cuando la gestión de la pandemia pasó a ser el elemento central de la elección, el 82% declaraba confiar más en Biden.

En Francia, la popularidad del presidente Emmanuel Macron también ha variado en función de la gestión del coronavirus. Declararse «en guerra» contra la covid le supuso pasar de un 29% de apoyo en febrero al 51% en abril. La confusión sobre el uso de mascarillas y tests hicieron descender su aprobación hasta el 36%, y se mantiene alrededor del 40% hoy, a pesar de los problemas con la campaña de vacunación. En vistas a las presidenciales de 2022, Macron y Le Pen empatan en un 25% de intención de voto.

El liderazgo femenino se ha beneficiado de una concepción de la política basada en la gestión de lo humano frente al protagonismo del hombre fuerte. Tradicionalmente, las tareas relacionadas con el bienestar o la salud, las guerras o la resolución de conflictos se han repartido de acuerdo con supuestas atribuciones de género. Sin embargo, la pandemia ha requerido que los hiperliderazgos hagan un balance de ambas cualidades, dejando paso a nuevas formas de liderar que mezclen atributos tradicionalmente masculinos o femeninos.

En sus inicios, Angela Merkel fue alabada por su capacidad de transmitir la gravedad de la situación a sus conciudadanos. Poco después de imponer duras medidas restrictivas, el 72% de la población mostraba su apoyo al gobierno, y la CDU, el partido de Merkel, aumentaba 7 puntos en intención de voto. El 86% de la población se declaraba satisfecha con el trabajo de Merkel como Canciller.

Sin embargo, la descoordinación entre el gobierno central y los länder hizo que la segunda ola de la pandemia golpeara con fuerza, sumado a la lentitud de la campaña de vacunación. El apoyo al gobierno se redujo drásticamente hasta el 49% a finales de enero del 2021. La popularidad de Merkel se ha resentido pero su aprobación sigue en el 75% y su partido sigue liderando las encuestas de cara a las elecciones federales, si bien con un descenso cada vez más pronunciado. El hiperliderazgo de Merkel difícilmente encontrará reemplazo en el nuevo líder del partido, Armin Laschet, ni en el candidato a la Cancillería (sea él mismo o el líder de la CSU, Markus Söder), cuando el país se dirija a las urnas el próximo septiembre.

En Nueva Zelanda, Jacina Ardern fue reelegida con una amplia victoria (49% de los sufragios) el pasado mes de octubre. Sus acciones para hacer frente a la covid se han apoyado en criterios científicos y se han beneficiado de su carácter empático y espontáneo, transmitido a través de Facebook Live. Su rapidez en la toma de decisiones fue clave para evitar que el virus se expandiera. Nueva Zelanda impuso rápidamente el confinamiento, prohibió los vuelos con China antes de detectarse un solo caso en el país y cerró las fronteras a los no residentes en marzo. En abril, el 88% de la población decía confiar en las decisiones del gobierno. El sostén de las políticas de Ardern a la salud y a los medios económicos (lives and livelihoods) ha relegado a un segundo plano el dilema entre economía y salud, tan presente en otros países.

La valoración de los hiperlíderes ha ido ligada, en buena medida, a la gestión de la covid y a la acción política de sus gobiernos (o a la falta de ella), más que a su estatus de fortaleza previo a la pandemia. ¿Cuáles han sido las claves comunicativas?

En primer lugar, ha habido un cambio de actitud, de lo histriónico a lo cercano. Durante la pandemia, los líderes cambiaron su discurso enfatizando atributos como la calma, la honestidad, la transparencia o la naturalidad. El foco en la empatía, en compartir la vivencia sin precedentes que representaba el confinamiento con su ciudadanía, fue uno de los rasgos comunes en líderes como Macron, Ardern o Trudeau. Pequeñas acciones como la rueda de prensa de Erna Solberg, primera ministra de Noruega, dirigida a los más pequeños, o la declaración del conejo de Pascua como trabajador esencial por parte de Jacinda Ardern son ejemplos de ello. El precedente de la pandemia puede dar paso a una tipología de líder que no se distinga necesariamente por su lenguaje histriónico, sino por ser más abierto, sincero, natural y humano.

En segundo lugar, ha habido un cambio de preferencias, del mitin a la gestión diaria. Las políticas de empleo, bienestar, protección y seguridad social han sido centrales en la acción política y se revaloriza la oferta de soluciones prácticas y tangibles por encima de discursos faltados de una oferta política profunda. Los nuevos liderazgos deberán seguir surfeando la vulnerabilidad y la incertidumbre, adaptándose y ofreciendo soluciones a su ciudadanía, también en el plano internacional, donde deberán fomentarse las dinámicas de cooperación con otros líderes, potencias e instituciones.

La pandemia de la  covid marcará un antes y un después en muchos aspectos de nuestras sociedades y, en el campo del liderazgo, introducirá nuevas tendencias. El cambio de actitud, preferencias y jugadores en la comunicación política es una puerta abierta a la transparencia, la honestidad, la empatía y la conquista de lo humano. Pero la pandemia también puede traducirse en nuevos populismos, como muestran la negativa inicial de ciertos hiperlíderes a aplicar medidas de contención, el refuerzo de prácticas autoritarias o las conspiraciones sobre la vacuna. Los hiperliderazgos se encuentran, tras la pandemia, más cuestionados.

Publicado en: La Vanguardia (13.04.2021)

Enlaces asociados:
Informe: ‘Hiperliderazgos, el giro personalista del poder’ (CIDOB e ideograma)
Acuerdo de colaboración entre ideograma y CIDOB

Enlaces de interés:
Strongmen: Mussolini to the Present, Ruth Ben-Ghiat (W. W. Norton & Company, 2020. A la venta el 10.05.2021)
Methods of Power: How do authoritarians rule? (David A. Bell. The Nation, 6.04.2021)

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Comentarios sobre: El hiperliderazgo frente a la pandemia

  1. Políticas públicas complejas y robustas… para humanizar la acción política.
    Lenguaje abierto, sincero, natural y humano.
    La comunicación política es una puerta abierta a la transparencia, la honestidad, la empatía y la conquista de lo humano.

    Este tipo de post los debería recetar el médico de cabecera.

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