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Automatizar la política

El primer ejemplo en la automatización industrial se remonta al 1801 con la patente de un telar automático que revolucionó la industria textil. Desde entonces, son innumerables los campos de aplicación donde se busca la optimización de recursos, el aumento de beneficios, producción o eficiencia. La nueva tecnología actual abre, además, el debate sobre los riesgos y el impacto que esta automatización acelerada tiene en el bienestar de las personas y en las brechas de accesibilidad.

En el caso de la administración, la automatización de determinados procesos se aleja (nos aleja) de aquellos aspectos humanos que confieren valor y sentido al servicio público. Cercanía, atención personalizada, lectura del contexto, respuestas a medida, accesibilidad, empatía… son atributos que no pueden robotizarse, y cuya ausencia está provocando la exclusión de numerosas personas y colectivos vulnerables.

Precisamente, el European Artificial Intelligence Fund ha becado a catorce fundaciones, entre las cuales se encuentra la Fundación Civio, para alinear el impacto de estas tecnologías con los derechos humanos y los principios básicos de justicia, equidad, inclusión y transparencia.

España se convertirá en el primer país de la Unión Europea que contará con una Agencia Estatal de Supervisión de la Inteligencia Artificial. En este contexto, el interés por apostar por una tecnología que ponga a las personas en el centro, adaptándose a la normativa europea en materia de digitalización e inteligencia artificial, con transparencia e inclusividad, rindiendo cuentas e informando públicamente de los avances, del funcionamiento y los resultados debe ser prioritario. Contar con voces plurales expertas que puedan acompañar en el proceso y compartir sus reflexiones, también.

El peligro de avanzar por la senda de la automatización de la política —y de los servicios públicos— con el piloto automático, sin contrapesos y balances, sin prestar atención a todas sus consecuencias puede tener un grave impacto en la garantía de universalidad de muchos de ellos. Politizar la tecnología, darle sentido, orientarla al interés general es prioritario antes que esta (y su denso enjambre de patentes, algoritmos, empresas, servidores e intereses) se vuelva ingobernable por inabarcable o inevitable.

Publicado en: La Vanguardia (16.11.2022)
He pedido de nuevo la colaboración de Alberto Fernández (La Boca del Logo) para realizar la ilustración de este artículo.

Enlaces de interés:
Charla #EnModoAvión: “¿Puede cuidarnos un algoritmo?” (Bárbara Villuendas. Cuatroochenta, 14.11.2022)

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1 Comentario

  1. Automatización es sinónimo en muchos casos de alejamiento, y el alejamiento conduce a la exclusión y la exclusión tiene muchos problemas añadidos, me parece estupenda la iniciativa.
    Tengo una reflexión sobre la cita previa como la maldición del siglo XXI. Con el ánimo de eliminar las falsas urgencias y emergencias, se ha instalado la cita previa en cualquier lugar, también en el ámbito doméstico. Esto conlleva una anulación del presente y una proyección constante a un futuro inexistente (ficticio), vivimos en un no -lugar, una no -vida.

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