¿Quién gana con la COVID-19 de Trump?

Viernes, 00:54 horas. Es la hora, nocturna, a la que a Trump le gusta tuitear. Pero en esta ocasión la noticia despertó a miles de personas: el presidente estadounidense anunciaba que tanto él como la primera dama estaban contagiados de COVID-19. La noche siguiente, la del sábado, y «por precaución», se trasladó a Trump al hospital Walter Reed para pasar algunos días.

El presidente tiene 74 años (él llama mayor y senil a Biden, que tiene sólo tres años más). La tasa de mortalidad por esta enfermedad entre 70 y 79 años es del 13,9%. Es decir, que algo más de una de cada diez personas muere. Si le añadimos que Trump tiene sobrepeso y colesterol, su riesgo aumenta. De ahí el extremo control al que está siendo sometido, aunque por ahora parece estar bien (de hecho, incluso, para desterrar rumores, colgó un vídeo en su Twitter el viernes y en Instagram el domingo), aparecía más tarde el equipo médico que le atiende para dar explicaciones. 

Esta enfermedad, en medio de una campaña electoral, puede afectar, y mucho, a las elecciones (históricamente lo hacía aún más, como indicaba Xavier Peytibi en este artículo). En este caso, puede hacerlo a favor de Trump o en su contra:

Muy a favor, si empeora: Si empeorara (y especialmente si empeorara mucho) es muy probable que suceda el «efecto Johnson». El 27 de marzo, después de haber negado los efectos de la enfermedad y no haber tomado medidas, como sí hacían otros países del mundo, Boris Johnson anunciaba que se había contagiado. Las críticas y burlas fueron amplias en todo el mundo (como le sucedió a Bolsonaro unas semanas después y ahora a Trump). Sin embargo, la enfermedad fue a peor. El 7 de abril, Johnson entraba en la UCI, y durante unos días se debatía entre la vida y la muerte. El 12 de abril recibía el alta y volvía a Downing Street. Durante esa semana, su valoración en encuestas aumentó unos increíbles 20 puntos porcentuales.  

A favor, si sólo pasa la enfermedad sin más: uno de sus relatos de campaña es su fortaleza frente a Trump. Él es un líder fuerte, en contraposición al «viejo» Biden. Si supera sin más problemas la enfermedad puede ser usada a su favor para mostrar esa capacidad de liderazgo. 

A favor, si Biden deja de hacer campaña por respeto a su enfermedad: porque la maquinaria republicana no se parará y seguirá haciendo campaña, con un Trump en el hospital o atendido en la Casa Blanca, que es probable que gane por ello apoyos entre indecisos. 

En contra, si sólo pasa la enfermedad sin más: no hay que olvidar que Trump ha ninguneado la pandemia durante meses. En este sentido, que se haya contagiado no deja de recordar que no sólo no ha sido capaz de cuidar al país, sino ni siquiera a él mismo. Ese va a ser el relato demócrata. 

Veremos en unos días cuál es el relato ganador, y cómo afectará a la campaña. Lo que es seguro es que esta enfermedad otorga más posibilidades de beneficio a Donald Trump. Eso sí, poniendo en peligro su estado de salud.  

(Más recursos e información en ELECCIONES USA 2020)

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